Suspicacia
septiembre 27, 2021 |

El presidente López Obrador ha pedido al nuevo primer ministro de Israel, Naftalí Bennett, acelerar la extradición de Tomás Zerón, quien fungió como titular de la Agencia de Investigación Criminal durante el mandando de Enrique Peña Nieto. Huyó a Israel donde lo refugió y protegió Benjamín Netanyahu. Su huida obedece al hilo de mentiras que el personaje hilvanó para enturbiar el caso de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Infamia peñanietista que aún está impune. Sería deseable que el nuevo gobierno israelí fuera sensible a la petición mexicana pero es improbable. El nuevo ministro es del mismo partido y la misma línea que Netanyahu: extrema derecha neofascista. Categorización ideológica en absoluto exagerada si nos atenemos al comportamiento del gobierno para con los palestinos y el acorralamiento de la Franja de Gaza durante el mandato del ahora ex primer ministro.

Su crecimiento político fue al amparo de su estrecha colaboración con Netanyahu; Bennett es nacido en Israel de padres estadounidenses. Su juventud y servicio militar tienen la impronta del acorralamiento expansionista del Israel sobre los redrojos que han ido dejando de Palestina. La política del Estado de Israel durante los últimos 30 años es la limpieza étnica, la desaparición de cualquier rastro de Palestina. Y ahora la del espionaje industrializado a escala de economías de mercado, el software Pegasus con el que el gobierno de Peña Nieto llegó a niveles de vigilancia punto menos que orwelianos.

Es improbable que el gobierno de Israel sea sensible a la petición mexicana. Habría que preguntarse sobre la profundidad de los vínculos entre el Estado de Israel y la corrupción neoliberal del gobierno anterior. Ya son dos los connacionales que huyen para librar el alcance de la justicia mexicana y encuentran refugio en Israel.

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