En completa indefensión
septiembre 23, 2021 |

La especie humana vive una crisis mayúscula. Es el resultado de muchas décadas de una racionalidad económica rapaz, de capitalismo es su forma salvaje. El liberalismo económico, ahora conocido como neoliberalismo; eso porque ya hemos pasado por éstas durante la segunda mitad del siglo XIX, la revolución industrial.

Curiosamente este también es un tiempo de inflexión tecnológica, ahora acelerada por la emergencia sanitaria. Durante cincuenta años, desde 1971, la humanidad ha tenido que encajar una racionalidad económica dirigida a la acumulación de ganancias financieras, antes que a la producción de riqueza material susceptible de ser repartida.

Eso ha creado inmensas desigualdades y ha condenado a grandes poblaciones a vivir al borde de la sobrevivencia. El resultado es la acumulación de rezagos no solo en términos de ingreso sino de calidad de vida, educación y alimentación de grandes masas.

Eso ha llevado a la crisis global de migración que vive el planeta. No es nuevo se vivió en los setenta con la crisis de Bangladesh. En los años 70, Bangladesh fue catalogado como el país más pobre del mundo. Actualmente sería más correcto clasificar a Bangladesh como el país más contaminado del mundo, lo cual está estrechamente relacionado con la pobreza.

Hoy, la crisis de la humanidad se recrea en Haití y en la imagen de miles de haitianos durmiendo bajo un puente en la frontera de México con Estados Unidos. Ese tipo de pobreza masiva y estructural es el resultado de priorizar el interés privado sobre el público sin ninguna contención por parte del Estado.

La violencia implícita en ello es monumental y no tiene solución en la lógica del capitalismo neoliberal. Es imprescindible la intercesión del Estado para compensar las distorsiones que derivan de las lógicas de la maximización de la ganancia. Esto es la creación de las condiciones de inversión que generen empleos e ingresos estables para los trabajadores. Para todos los países y regiones expulsores de mano de obra.

En el caso de mexicano-norteamericano eso implica invertir seriamente en la generación de empleos en Centro América y claramente en Haití. País de afrodescendientes al que al parecer no se le perdona haber sido el primero en independizarse del subcontinente Latinoamericano.

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