Los caminos de la reconfiguración
septiembre 22, 2021 |

Ayer este espacio editorial aludía al cambio de mentalidad manifiesto en el gobierno. En todos los sentidos; es integral. Para decirlo en breve, el entendimiento del deber ser del Estado en esta administración gobierno es total. Un gobierno que dentro de las reglas del juego capitalistas asume que el Estado tiene el deber y la responsabilidad de gobernar para todos, sí, pero poniendo por delante el imperativo de atender primero a los más pobres. Y, por otro lado, el entendimiento cabal que México es un país soberano por decisión de sus ciudadanos. Hubo varias guerras para lograrlo que, aunque victoriosas, nunca terminaron de garantizar del todo un suelo parejo para todos. Entre la acumulación centenaria de desigualdades y unos reflejos sociales dominados por la religión, el conservadurismo siempre encontró forma de resistir el avance hacia una sociedad igualitaria.

Es claro, no obstante, que las cosas cambian aceleradamente. La decisión de la SCJN de declarar inconstitucional la persecución del aborto y de homologar de una vez por todas que en el país ninguna constitución estatal pueda contradecir tal disposición prueba que son otros tiempos y otros aires. Hace poco el Presidente hizo alusión en alguna mañanera al imperativo de reformar y renovar el Poder Judicial por su descomposición. De hecho, en estos años el Poder Judicial ha sido más efectivo como resistencia a las transformaciones impulsadas por el gobierno federal que toda la oposición político-partidaria junta. Lo que desde luego no es poca cosa.

Ayer, el ministro en retiro Góngora Pimentel fue exhibido por la denuncia pública y en un muy conocido noticiero radiofónico, que hizo la madre de sus dos hijos naturales, aquejados ambos por autismo. Un testimonio lapidario que muestra facetas inconfesables del comportamiento y perfil emocional de un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que le fue especialmente funcional al conservadurismo neoliberal. Lo que implica una inmensa tolerancia hacia la corrupción.

Más allá del escándalo mediático y social que involucra al ministro, el caso evidencia el imperativo de sanearlo para que el país sea una república auténtica con poderes públicos sanos. Lo que no es mucho pedir.

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