Diplomacia, el regreso
septiembre 21, 2021 |

Terminada la Segunda Guerra Mundial Europa había quedado devastada. Para rehacerla, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Cooperación Económica en marzo de 1948. El programa pasó a la historia como el Plan Marshall. El gobierno norteamericano destinó 12 mil millones de dólares para la reconstrucción económica y social de Europa occidental. El plan fue exitoso, en menos de 15 años Europa vivía instalada en el progreso. Estados Unidos como potencia económica vencedora. Para América Latina llegaría algo similar hasta la década de los 60 con la Alianza para el Progreso instaurada en los tempranos 60 durante el gobierno de John F. Kennedy. La cantidad de dinero invertido en Latinoamérica ni remotamente se acerca al monto destinado a Europa. Aun así, en México fueron tiempos de progreso y consolidó una inmensa clase media de origen proletario y campesino. El Estado tenía un papel conductor central en la definición de la política económica. Tanto el Plan Marshall con el que se reconstruyó Europa como el New Deal al interior de los Estados Unidos se basaban en una concepción keynesiana del capitalismo. Un capitalismo donde el Estado asume el papel de inducir los procesos económicos y corregir las distorsiones del mercado que vician la economía y limitan la derrama económica para todos. En el fondo es un pensamiento que asume las consecuencias que las decisiones económicas tienen en el bienestar social. Es capitalismo, sí; libre empresa, sí; pero sin salvajadas.

Entre la pandemia, su muy probable dilación, la recesión económica implícita, la alteración en la percepción de las cosas y el tiempo, el planeta y la humanidad que contiene transitan por una inflexión profunda y viene emproblemada. De seguir con la lógica neoliberal vigente el resultado será la catástrofe a corto plazo. Es posible cambiar las lógicas no solo en lo interno sino también en las de la convivencia regional. Si las cosas salen bien, pese a las inmensas diferencias exhibidas este fin de semana, los países de Latinoamérica y el Caribe estarán dentro de poco tiempo en condiciones de tener una vacuna propia. No poca cosa en términos de corporativos farmacéuticos.

Entre la anécdota de la sorpresa de Maduro, la de los encontronazos por su presencia y la de invitado especial Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, todo sugiere que en términos diplomáticos la reunión fue exitosa en lo sustantivo: el cambio de mentalidad. Se pone a un lado el discurso de las eficacias individuales y competencias que dominó la escena y el lenguaje ideológico durante décadas, por el de las relaciones colaborativas entre naciones e individuos para el bienestar común. Es un cambio sustantivo, sí.

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