Rituales, dos
septiembre 20, 2021 |

Ya se ha dicho que asistimos a la segunda restauración de la República. La primera fue cuando los ejércitos populares republicanos derrotaron a las tropas francesas y sus aliados nacionales, y dieron al traste con las pretensiones conservadoras de mantener el sistema medieval de privilegios. Es notorio el cambio en la narrativa de la historia patria que reivindica, como nunca antes, el papel protagónico determinante del pueblo raso en la configuración de los distintos acuerdos legitimadores de la historia nacional. Desde el 15 de septiembre hasta ayer que se conmemoraron las dos tragedias telúricas septembrinas que el respetable ha sabido tornar en humor negro: en México tiembla en septiembre porque es el mes patrio, por aquello de que "y retiemble en sus centros la tierra".

Los actos cívicos de los últimos días comparten la característica del didactismo. Desde la ceremonia de El Grito que recuerda el llamado popular de Hidalgo a las armas la madrugada del 16 de septiembre y que se da el 15, dicen, porque ése era el cumpleaños de don Porfirio y los lagartijos que lo adulaban lo sugirieron así; hasta el acto cívico de la madrugada de ayer que se izó la bandera a media asta en memoria de los caídos en los terremotos de septiembre, son lecciones de civismo. Desde el respeto y la seriedad de reconocer la tragedia de los sismos que marcaron para siempre el imaginario nacional, hasta el despliegue exacto de la retirada del Zócalo ordenado por el toque de los clarines de la banda de guerra de la brigada de paracaidistas de la Infantería de Marina. La restauración republicana pasa por la restauración de los ritos. El grito austero, sin valla palaciega de invitados, frente al pueblo convocado en la virtualidad. Formalmente, en cuanto toca al gobierno, porque afuera del Zócalo, el 15 por la noche y el 16 a lo largo del desfile, ahí estaban los gobernados. Gozosos porque después de muchos años tienen razones para celebrar. México retoma su papel histórico en el continente y convoca a la cumbre de la Celac, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que significa no otra cosa que poner a la OEA en lo que es, un organismo completamente asimétrico por el peso de Estados Unidos en él. La OEA ha sido históricamente un instrumento plenamente funcional al Departamento de Estado. Los gobernados del país son entusiastas con lo que está pasando, en la reconstrucción del imaginario republicano popular el protagonista de la Historia es el pueblo. No es menor el dato.

En el exterior del país los gobiernos y naciones pares también parecen entusiasmados. El país retoma sus valores tradicionales y su papel en la región. Y lo hace sin inhibiciones, nombrando las cosas como lo que son. Sin eufemismos.

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