Alentadoras
septiembre 10, 2021 |

Ayer este espacio editorial reflexionaba en torno a lo que algunos consideran la polarización del país. Se decía que ésta en efecto es, pero que no es atribuible al Presidente sino a quienes extrañan la corrupción neoliberal que hizo diversos millonarios y repartió privilegios tan lesivos como la condonación de impuestos a las grandes corporaciones y empresas. Es fácil imaginar la mala sangre que se hacen los saqueadores, aborígenes y extranjeros, que pierden negocios de muy alto impacto y se enfrentan a que sus corruptelas sean expuestas públicamente y con consecuencias legales.

El sistema de complicidades que llevó al país al punto de la inviabilidad ha sido deshecho, pero sus personeros siguen activos y operando en contra de los intereses de los gobernados. Sin embargo, hay razones fundadas para el optimismo. La mentalidad del país está cambiando. Se recupera el sentido social colaborativo que hubo marcadamente en los años 30 y 50, cuando el país se encontraba en pleno crecimiento económico y la polvareda levantada por la Revolución se había ya asentado.

Prueba de ello es la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que el martes declaró inconstitucional la penalización del aborto. Una decisión que sienta precedente histórico pues impide en todo el país encarcelar a las mujeres y personal médico que les ayuden con consentimiento a interrumpir la gestación.

Los partidos e intereses conservadores han exacerbado los sentimientos encontrados y la polarización, impidiendo avanzar en ese sentido desde hace mucho tiempo. Por años, la Iglesia católica, conducida por Juan Pablo II, se opuso activamente a ello y movilizaba con eficiencia a los creyentes. Por años los derechos de las mujeres se conculcaron al tiempo que institucionalmente se protegía a santones pederastas multimillonarios. El absurdo grotesco ejercido a cabalidad e impuesto a la única parte de la población con capacidad de gestación. Reminiscencias del autoritarismo del patriarcado que aún son vigentes, pero que se van atemperando.

El martes, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional que las legislaciones locales reconozcan la vida humana desde la concepción, reformas que surgieron para propiciar un ambiente de criminalización del aborto. Punto. Al carajo los balbuceos gazmoños que utilizan los sentimientos religiosos para manipular la realidad política e impedir la construcción de una sociedad colaborativa que se protege a sí misma.

Porque el asunto del derecho a decidir sobre su propio cuerpo no es un asunto meramente individual, es un asunto de género y de la sociedad toda.

La resolución de la SCJN fue en el sentido que la sociedad reclama desde hace mucho tiempo. No es un mero asunto de gobierno ni un asunto ideológico. Es el signo de que el país está cambiando de mentalidad. No poca cosa después de casi cuatro décadas de oscurantismo y saqueos sistematizados.

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