El cambio en la Universidad Veracruzana
junio 22, 2021 | Édgar J. González Gaudiano

En pocas semanas se intensificará el proceso de definición de la persona que sustituirá a la doctora Sara Ladrón de Guevara en la rectoría de la Universidad Veracruzana. Ya hay varios académicos y académicas que han manifestado su interés en participar. Es un buen síntoma que se manifiesten, dado que los tiempos para conocer sus perfiles y propuestas se reduce mucho por el periodo vacacional. Es un buen síntoma también que haya varias opciones con diferentes proyectos de universidad.

Pero pocos de ellos han dado a conocer –hasta ahora– sus propuestas de trabajo, sus líneas de acción, su visión de la situación actual de nuestra institución, sus prioridades para la gestión, etcétera. Y hay muchos asuntos de extrema urgencia sobre los que posicionarse: la autonomía, el proyecto de nueva Ley Orgánica, la Ley General de Educación Superior y la internacionalización, entre otros.

Aunque estas declaraciones públicas no son garantía de que las propuestas se respetarán durante el periodo que las autoridades designadas estén a cargo –ya lo vimos con la gestión que concluye, la cual se comprometió a hacer una administración universitaria orientada por resultados y eso no ha sido exactamente así–, pero es un indicador para vislumbrar a través de los pronunciamientos de qué lado masca la iguana. Hemos podido seguir declaraciones a través de algunos medios que están dando cobertura a esta información. En general de lo que han publicado en medios impresos y digitales parece que se coincide sobre la necesidad de reformatear la relación academia-administración; no solo en términos cuantitativos de personal adscrito a una y otra, sino principalmente en cuanto a la definición de cuál es la verdadera función sustantiva de la UV, porque ha parecido que es lo administrativo.

Son tantos los obstáculos y requisitos para poder hacer algo, que hay que pensarlo antes de aplicar en un fondo concursable para obtener financiamiento, suscribir un convenio de doble titulación o ejercer un recurso de origen foráneo. Y esto es fundamental frente al reto de ampliar la base de recursos autogenerados, lo cual es un desafío fácil de plantear en un programa de trabajo, pero complicado de lograr sin alterar el carácter de universidad pública. Eso tendría que debatirse en serio al interior de la institución. También parece que se comparte la idea de reactivar una verdadera descentralización y desconcentración de la actividad universitaria. Darle más libertad de gestión de las regiones. La mayoría de las decisiones continúan tomándose en Xalapa y las opciones regionales son considerablemente reducidas o prácticamente inexistentes en cuanto a investigación y desarrollo de las artes. Ello invisibiliza las necesidades de estudiar y proponer medidas sobre las realidades locales y regionales, así como de auspiciar y nutrir las manifestaciones artísticas y creativas en la totalidad de un estado bioculturalmente diverso como el que habitamos.

Me gusta mucho la propuesta del doctor Martín Aguilar sobre fortalecer el modelo educativo (MEIF) integrando los derechos humanos y la sustentabilidad como ejes transversales del trabajo académico y de la operación cotidiana de la institución, en clave de equidad educativa en el ingreso, la permanencia y el egreso de los estudiantes y de la UVI. Son requerimientos impostergables en el momento actual y para el futuro. Sin embargo, se ha avanzado muy poco en ello pese a que, por ejemplo, el plan maestro para la sustentabilidad de la UV fue aprobado por aclamación en el Consejo Universitario General hace casi 10 años.

Convertirnos en una universidad respetuosa con el medio ambiente no es cuestión solamente de modificar algunas medidas relacionadas con la gestión de los campus, es sobre todo incidir en las funciones sustantivas con programas de mediano y largo plazos, que modifiquen las tradiciones académicas que se encuentran cómodamente instaladas en visiones socioprofesionales que no son pertinentes con las necesidades actuales y menos aún con las del futuro en que se desempeñarán nuestros egresados. Vivimos en la institución reiteradas contradicciones; una de ellas es que sostenemos ser conscientes de los problemas socioambientales, de desigualdad social y de la precariedad de los derechos humanos que padecemos, pero no formamos a nuestros alumnos para que con sus prácticas profesionales y su compromiso social contribuyan a resolverlos, prevenirlos y mitigarlos.

De igual manera, me gusta la propuesta del doctor Aguilar sobre un programa de investigación que se encamine hacia las necesidades y vocaciones regionales en el estado. Sin afectar la libertad de cátedra y de investigación pueden diseñarse programas de incentivos para quienes accedan a orientar sus actividades hacia prioridades establecidas en un programa estratégico de investigación, desarrollo tecnológico e innovación, que hace mucho que no tenemos en la Universidad Veracruzana. De ahí que hay que revisar con cuidado lo que se está proponiendo para los próximos cuatro años en la UV.

Todo esto que he brevemente mencionado no es gratis. Hay que invertir en ello. Una universidad internacionalizada, sustentable, diligente en el cumplimiento de los derechos humanos y situada en su realidad local no se consigue con declaraciones, simulaciones y rituales pomposos que se agotan en su propia liturgia; tampoco bastan las buenas intenciones. Se logra con inversiones bien orientadas a lograr metas programadas en el tiempo que requerirán reconducir las prioridades del gasto de la institución; si bien hay que reconocer que el presupuesto disponible no permite muchos grados de libertad, siempre es posible hacer algo que puede significar mucho. Y estoy convencido de que vale la pena.

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