Suspicacia: políticamente incorrecto
junio 19, 2021 |

Ha transcurrido poco más de un año del llamado confinamiento. Las consecuencias de las decisiones de la OMS están aún por verse. Se paralizó en la práctica la economía del mundo. La expectativa de consecuencias sociales de empobrecimiento mayúsculo y masivo es muy ancha. Hay quienes a la pandemia le agregan una "l": plandemia. No por la inexistencia del virus, sino por las decisiones para enfrentar la crisis. Para muchos es un virus de laboratorio, creado deliberadamente para ralentizar la economía y enfriarla. No son pocos los que piensan que el virus no es natural y que la visita de la OMS a Wuhan en marzo del año pasado fue una farsa. Se piensa así porque los vacíos de información al respeto son grandes.

En muchos países las actitudes gubernamentales fueron, aún lo son, abiertamente autoritarias; se liberaron los reflejos represores de gobiernos considerados democráticos. Muchas de las medidas totalitarias que se están tomando en muchos países, como España, Francia o Alemania, llanamente han pisoteado sus constituciones y los derechos más básicos de sus ciudadanos por razones de "salud". Medidas que para muchos dañan la salud física y mental de los que las padecen. El confinamiento vivido hace ya un año en el planeta ha dañado la salud física de muchos ciudadanos, privándonos no solo de algo tan elemental como salir libremente de casa a dar un paseo o maldita la cosa, sino también de la exposición a la luz solar, lo que redunda contra las defensas por la falta de vitamina D obtenida de la insolación. Grandes masas de población encerradas en pisos pequeños, donde la prolongación del encierro en forma de sucesivas prórrogas del estado de alarma iba minando la moral. Porque la salud mental también ha sido degrada con la prolongación del confinamiento.

Estados Unidos emite alertas y restricciones a sus ciudadanos por la pandemia en México pero el porcentaje de decesos en EE.UU. casi cuadruplica al de México con apenas el doble de la población.

Se creyó que sería por unos meses, que valía la pena el sacrificio. Muy lejos de la realidad, la pesadilla apenas comenzaba. En Europa la imposición del cubrebocas obligó a un circo legislativo en el que en todas las regiones se iba obligando a los ciudadanos a usarlo. Pero tras el verano vino la segunda ola… y luego la tercera… y ahora están a la espera de la cuarta. La amenaza de un nuevo encierro.

La desorientación, el pasmo, el miedo. Normativas que cambiaban cada dos semanas, que se endurecían a gusto del gobernante de turno, que se relajaban temporalmente, terminaron por descolocar a muchos. Una ojeada a la prensa del mundo muestra que a estas alturas los ciudadanos no recuerdan ya lo qué está permitido y qué no, incapaces de aventurar qué se podrá hacer mañana y qué no. Lo que parecía que iba a durar unos pocos meses (y que valdría la pena el sacrificio) amenaza con prolongarse aun cuando en algunos países como México ha empezado el desescalamiento; en Europa las protestas por el confinamiento han sido constantes, pero los medios apenas dedican unos segundos a ellas, si acaso.

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