Clasemedieras
junio 16, 2021 |

Ayer, el presidente López Obrador hizo algunos comentarios analíticos sobre el resultado electoral que divide con limpieza en dos la CDMX: oriente y poniente. La diferencia de ingresos, formación y calidad de vida son totales. De un lado viven con ingresos promedio por arriba de mil pesos diarios; del otro, los que sobreviven cuando mucho con menos de la mitad de esa cantidad. En el mejor de los casos.

No es la única diferencia, también la hay la calidad del equipamiento urbano donde viven, la densidad de población, la calidad de los servicios, la calidad del aire, los espacios abiertos púbicos disponibles, la oferta educativa, la de entretenimiento.

En el oriente están las clases trabajadoras asalariadas, frecuentemente con baja escolaridad; en el poniente viven los hombres de negocios comerciales e industriales, los herederos, los profesionales libres exitosos. Las clases medias acomodadas y las clases altas. Dicho en términos decimonónicos, proletariado, burguesía y en medio de las dos una muy amplio rango de clases medias.

Con demasiada frecuencia las clases medias son políticamente conservadoras, socialmente clasistas e incluso discriminadoras. Por otro lado, es casi una regla general que los grandes cambios sociales han sido ideados, teorizados y concretados por intelectuales y líderes provenientes de la clase media.

El presidente lo explicaba entre quienes no ven el impacto de las decisiones del gobierno por su nivel de vida, y quienes las sienten en vivo, porque se benefician de ellas que es la mayoría de los gobernados. Eso es axiomático.

No hace sentido. Y no lo hace porque la consistencia del voto es casi unánime en dos casos: el de la delegación Cuauhtémoc, feudo de organizaciones que controlan el comercio ambulante y acérrimas enemigas de Claudia Sheinbaum por haber puesto en prisión la lideresa Diana Sánchez; y el de la diputación de Margarita Zavala.

De ahí que haya quien barrunte no sólo fraude, sino una eventual intervención interesada por quien compite internamente a la jefa de gobierno.

Esto no es imposible, pero parece improbable. La lideresa Diana Sánchez, en prisión, y su madre son un poder de facto muy fuerte y con capacidad sobrada para inducir una elección. Motivación la tienen.

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