Los Portales de Lerdo a 426 años de existencia
junio 03, 2021 | Miguel Salvador Rodríguez Azueta

Domingo 25 de noviembre de 2013.

MANUAL DE CONVIVENCIA

Me encontraba renuente, no quería ir a los Portales de Lerdo, famoso lugar en el centro histórico de la ciudad de Veracruz.

Mi compadre Javier Herrera, -distinguido Notario del puerto -, insistía que abandonáramos las confortables instalaciones de un restaurante del bulevar, para ver el partido de semifinal de los Xolos contra el León, pues ya había desplumado al América. Mi argumento era sencillo: ¡Coño compadre no se puede platicar con el ejército de vendedores que te acosan!.

¡No pareces jarocho! – Me dijo muy serio- ¡Vamos te voy a demostrar una técnica para pasarla a gusto!.

Llegamos a los Portales como a las 7:30, de acuerdo al reloj de la torre de Palacio, nos acomodamos en el bar Palacios, que junto con el Regis y el Imperial, se les conocía como el PRI de los Portales- jocosa anécdota jarocha de los porteños del siglo pasado- . Pues bien, como llevamos cuatro pre adolecentes y un niño, escogimos una mesa que estaba en el exterior y rápidamente los querubes tropicales buscaron algo en que entretenerse mientras comenzaba el partido.

Javier un padre espléndido, empezó por comprarles dos globos de Helio, que no sirvieron más que para sacarles el gas y hacer las voces de los extraterrestres de la película "Toy story": "Gracias por rescatarnos, estamos agradecidos", fue para lo que sirvieron dos globos de Helio.

Pensé en comentarle a Javier si eso no era peligroso, pero entendí que estaba relajado y que los muchachos, pues ya estaban acostumbrados a hacer eso, pero después vino el señor de la "caja de toques" – eléctricos- y todos tuvimos nuestra terapia eléctrica a tal grado que Javier optó por comprarle la caja al anciano, y con eso, nuestros pequeños angelitos nos dejaron ver el partido.

Poco a poco Javier me enseñó una técnica para disfrutar los portales, sin estrés, aceptar todo lo que te traigan a vender, verlo, probarlo y si te gusta comprarlo, así por nuestra mesa desfiló la mujer indígena con atuendo de moda, que vendía bolsas tejidas, la anciana en andadera, el candidato a Rey de la alegría del Carnaval, vendedores de botanas, como cacahuates y quesos, tegogolos (caracoles de rio), masajeadores de cabeza - que creo fue mi mejor compra- , relojes 100% piratas, extenso surtido de marcas cuyos originales jamás veré en mi muñeca, sombreros de palma verde, perfumes, hamacas, masajeadores de madera para pies, la lista es extensa, pero sólo diré que Javier los llamaba y les pedía que le mostraran sus mercancías, al final no compraba más que comida, y con el paso de los minutos alcancé a ver que el reloj de la torre marcaba las 8:30, me dije es el horario anterior, pero seguía pasando el tiempo y como dijo Roberto Cantoral, el reloj no marcaba las horas, cosa que me sonó poético, pues efectivamente, con la compra de la caja de toques eléctricos, el tiempo se detuvo, los chicos dejaron de estar pidiendo y ese regalo, se convirtió en el centro de atención de nuestro niños, que seguían dándose "toques" de 18 volts haciendo una "cadena" humana.

Tenía mucho tiempo que no me divertía así en los Portales, deje de estresarme por los vendedores y la señora de las pulseras se acercó entonces, la atendí me probé y revise las pulseras, quede encantado con la forma tan "campechana" en que Javier veía a los portales.

-¡No hay otro lugar en el mundo como este!- me repetía- tú puedes ir a Venecia y no está así.

El palacio de locura, ruido, los niños gritando por lo toques, los norteños tocando, los cantantes de bolero incitando al amor, los grupos bailables en la explanada, el show del payaso Globito, quien gallardo sale del hotel Imperial para dejar sus mejores tiempos en una cuerda tensada entre un poste de luz y un árbol de almendro, el aspirante a inspector de comercio, más atento al partido de los Xolos, que a la actividad de los comerciante informales, la negra con cara de ya me quiero ir, es la única que no capta el mensaje.

El reloj de la torre siguió detenido, por lo que me hace deducir que el tiempo, estando con Javier Herrera, no surte efecto, pienso que tiene el usufructo - por el momento- de la alegría.

¡Pruébate este Lacoste!, ¿te gusta?, ¡Mira este Adidas!, ¿te gusta? ¡Pruébatelo chingaó!, y así entre probadores, volutas de humo, risas, gritos, música de todo género y bebidas espirituosas, transcurrió una tarde de Domingo en los Portales jarochos.

DATOS HISTORICOS

Los portales de la plaza principal del puerto y ciudad de Veracruz son parte de lo que define a la ciudad, cualquier habitante y turista fácilmente los reconoce como un punto de encuentro social y político del puerto.

Las mercedes autorizando la construcción de los portales fueron dadas en 1595 por el virrey Luis de Velasco (hijo) a Cristóbal Gudiel y Diego de Aguilera.

A partir de 1567 se fueron dando la repartición de solares en la llamada banda de Buitrón frente a San Juan de Ulúa.

El otorgamiento de mercedes tenía un proceso que iniciaba con la solicitud ante el virrey, quien emitía un mandamiento acordado para investigar si se podía hacer, después de la visita al lugar y la aprobación de la autoridad local, el virrey daba la merced.

La solicitud hecha por Cristóbal y Diego se encuentra en el Archivo General de la Nación en la ciudad de México, aunque no tiene fecha, pero si se conoce el día exacto que se toma el acuerdo para darle un solar a cada uno de ellos: 5 de julio de 1594.

La merced de Cristóbal tiene fecha de 5 de octubre de 1595 y la dada a Diego es del día 10.

Archivo General de la Nación, Indiferente Virreinal, Caja 2811, expediente 45 (Paleografía).

Cristóbal Gudiel y Diego de Aguilera, criados del rey nuestro señor, decimos que por mandado de su majestad y de V. S. en su real nombre se hace nueva población en la banda de Buitrón donde se ha de hacer la descarga de los navíos que vienen al puerto de San Juan de Ulúa y para poblarse se han de repartir sitios de solares donde se hagan casas de vivienda y almacenes de descarga a personas que las edifiquen y pueblen.

A Vuestra Señoría, pedimos y suplicamos nos haga merced de …(faltante)… de la plaza que se trazara en la dicha población con faculta de poder hacer portales en la delantera de la plaza para el ornato de ella y contratación de los mercaderes y negociantes que en ello recibiremos bien y merced.

Cristóbal Gudiel (Rubrica)

Diego Aguilera (Rubrica)

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