FALANGES: Política y violencia
mayo 28, 2021 | Luis Adalberto Maury Cruz

La política es el terreno de lo público. En materia de gobierno es la relación entre los gobernantes y la población mediante instituciones de poder público, reguladas por un marco legal vigente en circunstancias fácticas objetivas como son: las condiciones económicas, demográficas, ambientales, entre otras.

En la actualidad dada la doble moral social y la falta de thymós de políticos y gobernantes se niega la naturaleza violenta de los humanos. Por un lado la violencia social y los delitos van en aumento y por otro el gobierno es permisivo, generando impunidad ante actos notoriamente delictivos, vandálicos y criminales por todos conocidos. No es tolerancia democrática es permisividad. Así, se sataniza la violencia y se fomenta simultánea y contradictoriamente el delito.

En la actualidad con frecuencia se equipara falsamente violencia con maltrato, delito, vejación. Es notorio que un acto como una violación, un homicidio, lesiones dolosas son actos violentos. Sin embargo, en un acto de defensa propia, de legítima defensa, también hay violencia, al Estado le es permitida la violencia legal como es la aplicación de la fuerza pública o de las sanciones fiscales. Luego, violencia no es sinónimo de vejación o delito. Pero todo acto delincuencial o de denostar a una persona es violento. Negar la violencia es opuso, fomentar o ejercer la violencia vejatoria o delictiva es contrario a la dignidad humana.

El problema del origen de la violencia entendida como delito y/o vejación, no se puede entender sin la permisibilidad de la autoridad. Es decir, cuando las marchas y los plantones se convierten en pandillerismo y actos de delincuencia organizada o la corrupción no se sanciona, esto es por la impunidad generada por el ejecutivo en los tres niveles de gobierno.

También es un reflejo de la crisis social y de la crisis de los modelos de familia, así como de la orfandad existencial de las personas y en particular de los niños, que estando sólo concentran enojo, ira y rencor dada la desintegración familiar. Con frecuencia los gobiernos se parecen a los padres y madres. Una sociedad permisiva genera un gobierno permisivo. El punto no es que México le dejamos a nuestros hijos. Sino que tipo de personas y de hijos somos para nuestro Estado.

En el terreno político y en particular en el actual contexto electoral la violencia entendida como homicidios a candidatos, compra de consciencias, de votos, desvío de recursos, violencias de género, la falta de propuestas políticas factibles (es vejación por ser una omisión dolosa), es permisividad de la autoridad. Estos actos de los candidatos son con frecuencia extensiones de familias delictivas. La venta de conciencia, muestra una consciencia pública mediocre, negocios y alianzas reales.

El homicidio y las amenazas hacia candidatos es la continuación/degradación de la política. Es pugna de intereses llevado a la violencia ilegal e ilegítima para garantizar posiciones de poder público. Cabe preguntar: ¿acaso el país y nuestra comunidad es más violeta ahora que antes? ¿O simplemente hoy es más visible la violencia?

La normalización del delito y la vejación tiene vieja data, no ha habido 10 años seguidos de paz continua desde la conquista, basta que la durante la colonia el despojo de tierras y la esclavitud fue una constante, después viene la guerra de independencia, la perdida de los territorios norteños, las invasiones extranjeras, la reforma, el imperio, la república restaurada, el porfiriano, la revolución, los movimientos de obreros, ferrocarrileros, médicos, estudiantiles, populares, el EZLN, los conflictos magisteriales, la ola de desapariciones forzosas, las guerras contra el narcotráfico. México es un país violento que en el discurso se condena y en los hechos se fomenta. Evidente en el día a día y hecho apología en la música popular, series y novelas.

Así, los delitos y las vejaciones en el actual proceso electoral son reflejo del propio desarrollo histórico, social y político de una violencia endémica, no necesariamente delictiva.

Sin embargo, el problema del cómo reducir la delincuencia y la vejación no se puede entender sin la aplicación del estado de derecho y la lucha contra la impunidad por parte del Estado y en particular del poder ejecutivo en los tres niveles de gobierno. La política contra la delincuencia y contrala vejación debe ser de cero tolerancia. Aplicar la norma sin restricción. En efecto, faltan aspectos económicos y sociales, pero sin la aplicación del uso legítimo del poder público garantizados derechos humanos de todos no hay cimiento para la paz. En fin ¿usted qué piensa?...

lmaury_cruz@hotmail.com

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