El agente
mayo 15, 2021 |

Andrés Roemer fue diplomático de carrera del Estado mexicano. Fue representante ante la Unesco y, siéndolo, emitió su voto en contra de la tradición e interés diplomático mexicano pero a favor del interés del actual gobierno de Israel para "la preservación del patrimonio cultural y religioso en Jerusalén Oriental", en contra de los intereses palestinos. Por esa traición en 2006 la Secretaría de Relaciones Exteriores lo cesó del servicio diplomático mexicano y como embajador ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Luego sería. Se recicló en TV Azteca, donde sirvió como ariete de las decisiones sanitarias del gobierno federal.

Ha sido varias veces señalado como un depredador sexual que abusa de sus relaciones de poder para disuadir a sus víctimas de levantar denuncias contra él. Aun así, el número de denuncias en su contra lo cerca y decide por eso refugiarse en Israel, país al que entra en plena pandemia y pese a las severas restricciones impuestas por el gobierno israelí ante la emergencia sanitaria.

Roemer tiene un comportamiento más de acuerdo con el de un agente del gobierno de Netanyahu, con quien se ha reunido personalmente, que el de un ex diplomático mexicano con pretensiones intelectuales. Pero ha acumulado 61 denuncias de mujeres por abuso sexual. Y en plena pandemia huye a Israel, lo dejan entrar y se pasea con tranquilidad por las calles del cosmopolita Tel Aviv. Su entrada sin problemas al restrictivo Israel y la impunidad de la que goza sugieren que Roemer ha sido un agente al servicio del Netanyahu. La encarnación de la peor cara posible del judaísmo: el judaísmo racista y fascista. Una malhadada encarnación del patriarcado a la que habrá que traer de vuelta, cosa que tiene su grado de dificultad.

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