PENSAMIENTO POLITICO La crisis de referentes: una realidad inversa
marzo 14, 2021 | Juan Fernando Romero Cervantes Fuentes

Economía, sociedad y educación ante la pandemia COVID 19

A mis ex alumn@s de SEMANAWAK, para abrir el debate

El fenómeno de la pandemia tiene muchas aristas que deben ser investigadas por diversas disciplinas. Sin duda el material de estudio será de gran utilidad en el futuro, pero por lo pronto no podemos salir del terreno de las especulaciones y lo tenemos que observar con la lupa del presente.

El trinomio de economía y sociedad se resuelve en el resultado de la ecuación, la educación. Los tres factores nos orientan para un posible entendimiento de la pandemia que definirá históricamente a la segunda década del siglo XXI. El sistema capitalista que domina tiene una fuerza que no había tenido en el pasado, la sociedad se ha sometido por necesidad –y por obediencia o por ignorancia- a ese sistema avasallador y está atrapada en sus redes; sólo hay pocos focos locales o regionales de "resistencia" a la magnitud de ese poder económico, identificados como grupos culturales o etnias alternas a la modernidad que caracteriza al sistema capitalista. No hay ninguna resistencia política al Imperio, como lo plantean Antonio Negri y Michael Hardt,

La pandemia de la COVID 18 ha resultado más globalizadora que la propia estrategia capitalista, pero al mismo tiempo ha dado reversa a esa globalización mediante el confinamiento obligado; ha tomado por asalto a sus subsistemas, aún identificados románticamente como Estados nación, cuyas sociedades se encuentran sometidas al semi-caos económico, social, legal, religioso, psicológico, sanitario desde luego: no se trata de un retorno a la influenza española de 1918 (que produjo más de 50 millones de muertes), sino que desde mi perspectiva significa un retroceso a la peste negra de principios del 1300 que estremeció las bases del entonces naciente capitalismo en Europa, cimbrándolo al reducir a menos de la mitad a su población total, hecho que finalmente fortaleció al propio sistema económico ya que de esa manera aprendió a sobrevivir de este tipo de crisis originadas por enfermedades sin control, multiplicada hoy, es cierto, por la enorme población mundial y por la velocidad fulminante de su trasmisión.

El mal, la enfermedad, es una expresión del mal social que es un mal económico, y así debería entenderse para encontrar la solución, que tiene que ver fundamentalmente con la concentración excesiva de la riqueza, que ha facilitado que crezca lo que no debería de crecer: epidemias como las gripes, la polio, la malaria, la peste, el SIDA, y las empresas multinacionales: no sólo porque los negocios de los laboratorios son multimillonarios (o sea, de lo que está atrás: la concentración del capital)..

En el 2020 la estructura de la economía se puso en duda con la estridencia mediática que grita una y otra vez el fin de la globalización. Sabemos hoy que ni el sistema colapsará, ni la sociedad se rebelará, ni la globalización desaparecerá –sino que saldrá fortalecida por la virtualidad.

La crisis ocasionada por la enfermedad produjo más pobreza y mayor miseria en muchas partes del mundo, pero no alterará el equilibrio dinámico del sistema. El saldo de más de dos millones y medio de muertes, más de 118 millones de enfermos (a la fecha), sistemas nacionales de salud colapsados, el sistema de salud internacional que es puesto en duda por el "misticismo" floreciente -a pesar de las vacunas. Aunque aquí el problema puede también ser de los gobiernos nacionales y su falta de interés político en la solución (como lo están mostrando a contrario sensu las acciones positivas de Biden). El desempeño del Estado en la economía neoliberal ha intentado excluirlo como factor de equilibrio ocasionado por las fallas del mercado, a pesar de las recomendaciones de Adam Smith, y por supuesto, de John Maynard Keynes. Se olvida o se desconoce la posible intervención del Estado, de ahí el renacimiento de un probable populismo (y no lo menciono en sentido peyorativo) y del aparente desconcierto de la ideología neoliberal ante la magnitud del problema social.

Familias rotas, niños huérfanos, amistades ahogadas, amores desechados; angustias y mucho dolor, además del desempleo generalizado, hambre incluso, economías nacionales con gravísimos problemas; todo ello convertido en estadísticas que nos "demuestran" la caída del PIB nacional y la posible recuperación en V, X, Y o Z.

La pandemia nos está dando la oportunidad de enfrentar "una realidad a teorizar", "una realidad aparte", de reflexionar sobre todo este fenómeno que fragmenta los circuitos de repetición constante al romper, por este "accidente", la inercia propia del sistema. No es fácil superarla, de hecho el sistema está forzando la entrada al circuito normal económico por vía de la escasez, de la limitación financiera: o-me-reinserto-en-la-economía o muero, sin percatarse que precisamente por esa decisión puede morir más rápido. Se opta por la elección que más incentiva en el corto plazo: la ganancia ¿o la supervivencia?.

¿Y el resultado de la ecuación, la educación? Dura profesora ha resultado la corona virus desease (COVID 19), cuando los vectores somos los propios humanos: hermanos, hijos, amigos, esposos, amantes. Porqué la belleza de la novela de Camus carecía de este dolor, la trasmisión desde y a los seres queridos.

Esta pandemia es una llamada de conciencia, pero, sordos y ciegos a la evidencia, nos sumergimos en nuestra cotidianeidad y apagamos el atisbo de la conciencia social. La educación puede y debe despertar esa conciencia.

La idea del dominio sobre la naturaleza que encendió el siglo de las luces y llevó al XIX a la bella época, está en duda. Los conceptos del espacio y del tiempo parece que se están cuestionando por la confusión expresada en el título y los estamos viviendo con dolor y confusión. No obstante, no creo que el cambio final próximo en unos años, sea muy profundo, y en todo caso la memoria humana es débil, y más aún la memoria colectiva, que se disipa al primer ensueño; pero debemos de cuestionar y encontrar respuestas en el campo de la educación: se trata del sistema que SI podemos cambiar.

La educación puede llegar a ser el mecanismo de intermediación entre la economía, la sociedad y el Estado, siempre y cuando estemos conscientes de este valor de transformación que tiene la educación, es decir, de crear conciencia sobre lo que se vive: los problemas de inequidad, del consumo masivo y su correlato, la producción masiva, de la competencia permanente y el circuito que en consecuencia genera el sistema capitalista, ya estudiado por por la Teoría Crítica por la enajenación que produce, pero que ni a nivel social ni individual -meros engranajes- nos percatamos, debido a la dinámica del propio sistema que conforma círculos de inconciencia.

La tarea de la educación es entonces articular estas reflexiones y mostrar a los ciudadanos las posibles relaciones gobierno-sociedad, estado-mercado, libertad-justicia, y también sanidad-empleo, derecho a la vida, derecho al trabajo, de sociedad y salud compartida (si el organismo humanidad está enfermo, sus partes lo están),y sobre todo, derecho a la educación que brinda estos conocimientos y que nos permitiría transitar de una sociedad cerrada a una sociedad abierta (Karl Popper). Lo que hace posible ese tránsito es la educación, la democratización de la formación científica y humanística, con la conciencia de que como individuos tenemos la responsabilidad de cooperar fraternalmente, para que así se respete nuestra libertad.

Utrópico, marzo 13, 2021 (a un año de la "cuarentena").

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