Virgo
marzo 09, 2021 |

Las sociedades católicas son patriarcales. Especialmente patriarcales en el caso latinoamericano, último bastión del catolicismo. Para las mujeres esto siempre implica condiciones desventajosas. Basta con otear un poco en la historia reciente. Aun con la voz empoderada de las mujeres en los procesos de toma de decisiones del país, el patriarcado autoritario sigue vigente a niveles patológicos. De ahí la cantidad obscena de feminicidios en el estado.

Lo cierto es que, a diferencia del hombre que suele ser básicamente binario, el género femenino es multidimensional y solo puede aprehenderse conciliando diversas perspectivas. La mujer solo puede comprenderse desde sus dimensiones, que no son pocas. De ahí el imperativo –y la prudencia– de profundizar en sus valoraciones, prioridades, necesidades e intereses desde la multidimensionalidad. Por ejemplo lo más simple, el aspecto biológico, lo que durante el patriarcado decimonónico y victoriano, y buena parte del siglo pasado, relegó a las mujeres a la subordinación pese a sus capacidades divididas casi siempre en una doble jornada. La pública, laboral, y la privada en el hogar.

Hombre y mujer son complementarios, en teoría, pero cuando esto no es equitativo, el desempeño femenino es, salvo muy contadas excepciones, siempre superior al desempeño masculino. Basta ver la cantidad de madres solas que en el país bregan eficazmente con la doble función de proveer y construir un entorno amoroso para su descendencia o solo para ellas mismas, el hogar.

La sociedad patriarcal ha puesto a la mujer en desventaja y a pesar de ello, éstas se han apropiado de los espacios en donde ya no pueden ser relegadas. Esto abarca todos los aspectos de la actividad humana, desde la ciencia hasta los deportes o el llano ocio. Luego de lo sucedido a la Humanidad durante el último año, el encierro, la actual circunstancia social y económica reclama a todos transformar la mente para adoptar una nueva forma de pensar, con ideas nuevas, nuevos conocimientos y una actitud enteramente nueva ante la irrupción del nuevo escenario sociológico.

Ello implica desmontar los redrojos patriarcales y cambios de mentalidad tras desecharlos. Está visto que esto trae el beneficio de la liberación completa de la parte de la mujer que ha sido subsumida y sedada por el sistema y la inercia patriarcales.

Hoy, por la resonante interacción derivada de las redes sociales, el quinto poder que enlaza y ayuda a la formación de las identidades modernas, rompe el aislamiento endémico y pasividad inducida. La mujer sumisa y acrítica va, aceleradamente, hacia la extinción. La mujer unidimensional se disuelve en la memoria y una nueva mujer multidimensional reafirmada en una sólida conciencia crítica, sustentada en valores caídos en desuso como la solidaridad y la indignación colectiva ante la corrupción e injusticia imperantes.

La vieja consigna feminista de igualdad real ha generado la inercia popular que denuncia el déficit democrático, social y de valores de la élite paternalista dominante. La energía dispuesta a quebrantar las normas y leyes impuestas por el absolutismo del patriarcado ha nacido.

Habrá, es de esperarse, una profunda catarsis y transformación espiritual (metanoia) de las sociedades todas que remontará las racionalizaciones y prejuicios que han posibilitado que "la mujer sea el negro del mundo", como dijo John Lennon en alguna ocasión: "Woman is the nigger of the world".

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