Paredes: Y al centro yo
febrero 19, 2021 | Lorenzo León Diez

La famosa senadora Beatriz Paredes, de larga historia en la política de nuestro país, que gobernó Tlaxcala, dirigió su partido, el PRI, entre muchos otros cargos, dice que ella, como mujer de izquierda, tenía esperanzas en un gobierno de este carácter pero se siente "decepcionada y hasta triste".

La condición que puso la ex embajadora y varias veces legisladora a las cámaras fue que no se tocara en la entrevista nada de su pasado.

Ella había "cifrado expectativas en el primer gobierno abiertamente de izquierda, después del régimen de Lázaro Cárdenas" pero tristemente está decepcionada. "No entiendo a nadie que pretenda gobernar para polarizar a la sociedad".

Quizá la limitación que puso a la reportera de La Jornada Rosa Elvira Vargas en su diálogo diga más de ella de lo que conceptualiza como profesora de derecho, en la plática.

Como principio recibir a un periodista es, precisamente, ponerse en riesgo –en este caso puede señalarse que de otra manera, como lo hizo, condiciona su presencia pública solamente en el terreno de la propaganda, no de la reflexión y la crítica.

La izquierda, como bien lo sabemos todos, es una nominación, como la derecha, que asigna la modernidad política y cuyas nociones surgen en Europa, en las revoluciones de 1848 (cuando a la vez en México vivíamos la continua catástrofe de los pronunciamientos y las asonadas donde las alas modernas se llamaban liberales y conservadores).

Paredes –dice– se reivindica "de izquierda desde siempre" y sin embargo no quiere hablar de su pasado, como si fuera recién nacida en los foros públicos. La norma que impuso a la entrevista nos dice mucho de cómo concibe ella la convicción de un izquierdista que se niega a la crítica y al diálogo, que ella misma reclama "es esencial recuperar la agenda del diálogo". ¿Así lo entiende ella? Platicamos pero no preguntes.

Dice: "El dirigente político se concentra en atender a su corriente o a sus partidarios, pero eso no es pertinente para quien gobierna una sociedad donde rige el derecho. Y eso no cancela la opinión política de los gobernantes, pero sí delimita cuáles son sus alcances y precisa sus obligaciones".

La senadora Paredes sin duda puede ser una buena maestra de civismo en una secundaria. Es su exposición una elocuente ilustración de la retórica de esa marea que afortunadamente parece que nos deja para siempre… ¿O habrá todavía quienes voten por el PRI?

Las palabras de Paredes son una expresión de las palabras que se niega decir. He aquí lo bello de la dialéctica, de la naturaleza psíquica del lenguaje: oculta lo que en verdad dice y dice lo que ya –afortunadamente– para nadie está oculto.

Dicta la maestra de civismo desde la cátedra su sapiencia de pizarrón: el dirigente político deja de serlo cuando gana, entonces se convierte en un Presidente, con mayúscula, que gobierna para todos.

Ese era el discurso de todos los candidatos ganadores del PRI durante siete décadas. Paredes lo pronuncia bien por experiencia.

Andrés Manuel López Obrador por esos días de la entrevista de Paredes se refería a la posibilidad de que llegue en el siguiente período presidencial, aunque gane Morena, un presidente de otro tipo, quizá ese que diga lo que la senadora le gustaría oír: la retórica del Uno para Todos, el Poder unidimensional y omnicomprensivo que tanto daño hizo a los mexicanos: la dictadura perfecta como tan bien la definió Vargas Llosa.

Al reflexionar sobre el estilo personal de su gobierno, el Presidente debe reconocer que no está a la vista otro liderazgo tan enraizado en el pueblo (ahora sí, con ese acento cardenista que todos identificamos) como el suyo. Que si está llevando a cabo una Cuarta Transformación es formidable el enemigo y las inercias de un Estado creado para los privilegios de unos cuantos. Una maquinaria que él ha asaltado democráticamente. Y aunque le pese a la senadora Paredes, antes de Presidente AMLO es un dirigente político, por eso puede emprender una transformación del Estado, y no puede endulzarle el oído a los mismos de siempre –por eso ha dicho "no soy un florero"– que abogan por un discurso ya desaparecido de la arena política, donde está frente a frente una masa de mexicanos depauperados, expoliados y asesinados incluso, y un frente del que el PRI forma parte, que tiene todas las señas de la derecha, el conservadurismo que arrastramos como un coloniaje del que quizá podamos salir poco a poco, y cuya continuidad más que en la política está en la cultura y la educación consciente, si continuamos (como lo hizo el pueblo mexicano con Cárdenas, el pueblo inglés con Churchill, el pueblo norteamericano con Roosevelt, el pueblo francés con De Gaulle…) votando por lo que Andrés Manuel López Obrador representa.

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