El navío Asia, construido en La Habana en 1791 acabó sus días en un arrecife veracruzano
enero 19, 2021 | Miguel Salvador Rodríguez Azueta

Recuerdo que en el colegio escuche por primera vez el nombre del buque Asia, fue el que trajo a Veracruz al último virrey español, Don Juan O´Donojú.

Sin embargo, desconocía su historia y triste final del imponente navío de 74 cañones, 24 de ellos de 24 libras con un alcance efectivo de 1 kilometro, orgullo de la armada española y que pudo serlo de la incipiente armada mexicana.

Construido en 1791 en la Habana, por el sistema del ingeniero español José Joaquín Romero y Fernández de Landa, el Asia o por advocación el San Jerónimo, realizó una serie de viajes exitosos, ya sea trasladando riquezas a la metrópoli, tropas o apresando navíos enemigos.

En 1821 no solo trajo a estas tierras a don Juan O´Donojú, el último representante del rey español, sino que también traslado a la Habana desde Veracruz la suma nada desconsiderarle de dos millones trescientos mil pesos fuertes.

En 1824 el Asia combate a la armada combinada del Perú y Colombia para 1825 la tripulación se amotina en el pacifico después de la batalla de Ayacucho y los amotinados deciden entregar el barco a la autoridades mexicanas en Acapulco, renombrándolo: Congreso Mexicano.

La aventura del Asia o Congreso Mexicano se encuentra magistralmente descritas en la novela histórica de Luis Delgado: "El navío Congreso Mexicano, motín a bordo" (2012 Lectulandia pág. 364), la cual recomiendo y como anécdota histórica el autor señala que: "izaban un nuevo pabellón a popa. Pero para asombro de muchos, mostraban una bandera con los colores azul, blanco y rojo, por no haber encontrado lanilla verde y, de esa forma, cuadrar la escogida como enseña nacional mexicana, aquella que se ajustaba a las Tres Garantías del Plan de Iguala".

El Gobierno español sospechó que dicho navío sería utilizado en su contra y eso impidió por algún tiempo, acciones concretas contra nuestra naciente república, sin embargo, el poderoso navío requería para su sobrevivencia de un esmerado mantenimiento y por lo tanto un elevado presupuesto, lo que marcó en aquella época ante las penurias de la hacienda nacional, marcaría el destino del Congreso Mexicano.

Para que se den una idea de lo costoso que resultaba mantener el hermoso buque, comparto con ustedes fragmento de la investigación del almirante Miguel Carranza y Castillo en su obra "La independencia se consolidó en el mar", (pág., 109).

"Se discutió en la ciudad de Mexico, en junta de Ministros y Generales el destino que debía darse a aquel barco. El general Pedro Celestino Negrete, apoyado por Lucas Alamán, opinó que le navío fuera desguazado y vendido como madera, para adquirir con el producto nuevos buques encargados a los Estados Unidos".

De acuerdo a los datos investigados por el Almirante Carranza, se entiende que el Congreso Mexicano estaba en mal estado, tan es así que no participa en mayores acciones y fue destinado como buque escuela de la academia naval de Tlacotalpan y posteriormente en 1826 al mando del Capitán José María Tosta, el Congreso Mexicano fue enviado a Panamá con el fin de apoyar al proyecto libertario de la Gran Colombia, sin embargo- cosas que hoy nos suenan comunes,- por falta de recursos económico el Capitán Tosta tuvo que recibir un préstamo en Chile unos 25 mil pesos, que hoy serían unos 25 millones de dólares. (Luis Delgado, Pág. 366).

El 24 de Agosto de 1827 zarpa de Valparaíso y en el regreso a Mexico, ocurren varias peripecias dignas de una novela, deserciones, apresamiento de navíos españoles en Yucatán, amotinamientos y finalmente llegan a Veracruz el 9 de enero del mismo año, donde va a quedar fondeado aparentando lo que no era: Un navío de respeto por sus 74 cañones.

Triste destino del imponente barco, pues a partir de ese momento fue destinado como cuartel de la comandancia naval y prisión flotante, donde en 1834 estarían prisioneros destacados políticos e intelectuales, como Miguel de Santa María.

Su última morada sería un arrecife al Este de San Juan de Ulúa, donde terminó hundiéndose lentamente.

Agradecimiento especial al Teniente de Fragata, modelista e historiador naval del museo naval Wenceslao Jiménez Chávez.

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