La creación de las palabras, la creación de la enfermedad
enero 17, 2021 | Lorenzo León Diez

El que un hombre de 100 años de edad (Edgar Morin) anuncie en su entrevista periodística de cumpleaños, festejada en confinamiento en París, que nos encontramos en la Tercera Guerra Mundial es un aserto duro pero necesario para aceptar la temperatura de esta inflexión histórica que los neohumanos llaman Pandemia. La urgencia es máxima: la situación nos obliga a un cambio acelerado de conciencia y para lograrla debemos empezar por una crítica omnicomprensiva del lenguaje.

El Estado Global de Emergencia pone en primer frente a los científicos, técnicos y funcionarios del sanitarismo. Se desplaza el centro del control de los ministerios de defensa nacional a los ministerios de Salud. Y de estos surge el lenguaje que tiene como primer adjetivo calificativo: la Nueva Normalidad. No se debe llamar "nueva normalidad" al actual estado de cosas sino "naturalización de la catástrofe". Los que inventan el lenguaje institucional constituyen un gran cuerpo burocrático que se acuesta en el diván de un psicoanalista lacaniano para ser guiado en la declaración. Como es sabido, Lacan se enfoca para el desciframiento del subconsciente en la pronunciación, en las palabras emitidas por el paciente que fijan la fenomenología simbólica. El paciente, pleno de enigma, oscuridad, acertijos, incoherencia, dice lo que no dice y es allí donde debemos abrevar. El gran cuerpo burocratizado del Estado de Emergencia Global, afiebrado, acostado en el diván dice: Distanciamiento Social.

Me encanta imaginar a los jóvenes de los oficios mercadológicos compitiendo con sus agencias para surtir de ideas a los apurados funcionarios que deben administrar los recursos cuantiosos para propagar (oficinas de alto voltaje como siempre lo han sido en los Estados de Emergencia, como el hitleriano o el staliniano), los nuevos mensajes que nos anuncian una Nueva Normalidad fincada en el Distanciamiento Social.

Este lenguaje será estudiado en algunos años como una arqueología del Estado de Emergencia Global. Si alguien dotado más o menos de la lógica de la lengua castellana hubiera estado en esa sesión en que los personeros del gobierno decidieron que esa era la frase adecuada para difundir la conducta a seguir de la población, de la ciudadanía, de ese complejo colectivo que se enuncia en la palabra nación, les hubiera señalado el barbarismo de la sintaxis.

El lema debió haber sido: Distanciamiento Corporal. Pero el gran cuerpo deformado del burocratismo acostado en el diván de Lacan pronunció social para referirse a una carnalidad ya imposible, a una singularidad que nos unifica biológicamente en el desastre, y lo social es la separación, la fragmentación que ya es y será la Naturaleza de la Catástrofe.

No podemos distanciarnos socialmente. Quizá la Pandemia sea la primera oportunidad para comprender que el factor biológico ha estado vertebrando la historia de la humanidad y que somos organismos evolutivos donde la enfermedad es, precisamente, el manifiesto de las acciones que el homínido ejecuta en la naturaleza desde hace 70 mil años.

Las definiciones que el Estado de Emergencia Global está produciendo son evidencia de una mentalidad negativa, que en su desesperada justificación (el Estado responde a la emergencia) compra slogans en el mercado más vulgar del signo. La Emergencia se centra en las vacunas. Es la carcajada de Dios. ¿Cómo comprenderlo? Es una de las más complejas tareas que la incertidumbre, como califica Morin el tránsito del ser en la civilización, está dando a los pensadores: no es fácil esta tarea de dilucidar que las palabras son, como en lo biológico, un virus.

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