La Faena: Berlín Valenzuela frente a sí mismo y ante la historia
enero 17, 2021 | De la Redacción

Ha sido comentada una inusual carta que Francisco Berlín Valenzuela publicó en redes y luego algunos medios y opinólogos le dieron revuelo. En ella reaparece haciéndole algunas recomendaciones de "buen gobierno" al morenista Cuitláhuac García. Se dice que es inusual porque el mentado doctor había permanecido agazapado en lo que respecta a temas veracruzanos, luego de su salida del Colegio de Veracruz y haber ocupado otros cargos al amparo de los gobiernos panistas y priístas. Su época dorada fueron los tiempos aciagos y abundantes del priísmo, cuando el entonces gobernador Miguel Alemán le creara al citado abogado una institución que, de no ser por atropelladas decisiones, desinterés, despilfarro primero y posteriormente saqueo, pudiera haberse consolidado como una institución prestigiada. La idea era constituir un centro educativo similar al Colegio de México. Pero el derroche, la banalidad, el cortesanismo y el extremo conservadurismo de los "padres fundadores" del Colver lo convirtieron en un centro de opinión del neoliberalismo –afincado en la ideología alemanista del progreso, el nacionalismo ramplón y sin visión a futuro fundamentada en el historicismo priísta alemanista–, una especie de centro de pensamiento "moderno" y "progresista" cuya Biblia y supremo orgullo era contar con la colección completa de la revista Foreign Affairs.

En concordancia, se erradicaron de la biblioteca escolar textos "comunistas" y "subversivos", al mismo tiempo que se presumía que ahí sí había libertad de pensamiento, se estaba a la vanguardia y, porque la modernidad y el avance económico del país lo requería, era el momento de echar a la basura todo lo que oliera a ideas comunistoides y premodernas. El cortesanismo del jurista fue mayúsculo porque otorgó sitio de honor en el Colver a un estrambótico mural, donación del Colegio de Periodistas realizado por el caricaturista Carreño, por medio del cual esta agrupación pretendió condensar una particular visión de personajes "exitosos"; esa misma perspectiva sería referencial enfoque que a juicio de Berlín Valenzuela ayudaría para que los alumnos de las diversas carreras del Colver tomaran nota del ejemplo a seguir. En ese aberrante espejo berlinesco del muralismo mexicano, Berlín Valenzuela asumió como suya esa iconografía del progreso, la modernidad y la bienaventuranza. Figuras "exitosas" fueron elegidas cuidadosamente por el autor de la pintura, retratadas en un kitsch remedo muralista en el cual, icónicos personajes de aquella kakistocracia nacional que envileció institucionalmente a la Nación constituían la referencia en la política, la vida pública, la intelectualidad y lo más valioso del país.

Ahí se encuentra la aristocracia de la Iglesia católica representada por el papa Juan Pablo II y el impresentable Norberto Rivera; el diácono de la intelectualidad orgánica, Enrique Krauze; dos matrimonios muy famosos: los Reyes de España y la familia Alemán Magnani; incluyendo a Miguel Junior, la actriz María Félix, el periodista Jacobo Zabludovsky y otros preclaros miembros de la cultura de masas. Después de la faraónica administración del multicitado fundador del Colver –cuya esposa por cierto creó la bizarra escultura del ex jefe de la Dirección Federal de Seguridad con Gustavo Díaz Ordaz y posteriormente mandatario estatal, el ex policía político Fernando Gutiérrez Barrios que adorna el Centro de Especialidades Médicas de Xalapa– arribó Ignacio González Rebolledo, un político de la vieja guardia tricolor, ex presidente del PRI que pasó a su vez por toda la estructura posible que el sistema le permitió. El ex magistrado siguió en la misma línea que su antecesor, ejerciendo una "autonomía" a la que le dio continuidad el fidelista Jesús López, y por último a Eugenio Vázquez, el ideólogo del duartismo encargado de pergeñar el contenido discursivo del pantagruélico ex gobernador. Ese cuestionable prestigio intelectual y académico que muchos añoran es responsable de haber convertido en el pasado al Colver en un centro de adiestramiento ideado para homogeneizar la educación superior en torno a un modelo aspiracional y de culto al dinero, cuya doctrina –de la cual el principal inspirador en México ha sido Enrique Krauze– Berlín y sus predecesores impulsaron y de paso contribuyeron a normalizar a la corrupción como una práctica común entre la clase política y sinónimo de éxito. De ese cenáculo de ideas –ejemplarmente retratado en el multicitado mural– proviene la crítica al gobierno estatal morenista. ¿Dónde estuvo el análisis de Berlín y seguidores cuando su gobernador Alemán inició con la escalada de endeudamiento que ahora ahoga y compromete a Veracruz? O por qué no desde la academia, siquiera para disimular, hubo reflexión o apreciaciones sobre los efectos del neoliberalismo en la economía y el extraordinario aumento de la pobreza y la desigualdad en la que viven millones de familias; no se realizó porque el Colver de Berlín aspiraba a constituirse en Harvard, Stanford o el ITAM. En esos casos el silencio o la justificación se explica porque dichas instancias de formación profesional son financiadas por capitales privados, sin embargo, en una institución pública tal omisión es inadmisible.

Más allá de sus silencios cómplices, la gestión de Berlín Valenzuela y sus pares se explica en la instantánea pictórica de Carreño, evidentemente confeccionada con el entonces gobernador como destinatario, y lo representa junto a su familia, rodeado de la monarquía de la "madre patria", del "papa viajero", de exitosos empresarios e intelectuales, de celebridades, flanqueado de insignes representantes de la fiesta brava y la ópera, entre otros conocidos políticos y personajes de relleno. Lo que en realidad exhibe ese mural es cómo el periodismo elogiaba la proyección que las élites quisieron hacer de sí mismas, con el culto a sus personalidades y estilo de vida, erigiéndose como un exquisito modelo de superioridad cultural y moral, en una bochornosa colusión que mediante frivolidades pretendió ennoblecer a una clase dirigente producto del peor de los sincretismos: la herencia clasista colonial y una ideología de codicia e individualismo. Esa misma visión es la que ahora se mofa y ridiculiza al "pueblo sabio"; se ceba en el catastrofismo que pretende desesperanzar a los mexicanos en su búsqueda de la movilidad social y advierte alarmada la inminente llegada del comunismo y la quiebra de la riqueza nacional. A estos intelectuales y opinadores poco les interesa hablar de la impunidad y la corrupción de Peña Nieto y Calderón; exigen resultados inmediatos y que se deje en paz al pasado, y prefieren ignorar las razones del por qué se extirpó el humanismo del sistema educativo. Hoy, aquel Berlín, padre fundador del Colver e ideólogo del alemanismo, condena –pleno de una desconocida audacia intelectual que nunca exhibió en sus tiempos al servicio del sistema– al gobierno morenista; lo acusa de impreparado, poco creativo y casi le exige renunciar. Desde su pretendida aristocracia y superflua sapiencia, en el abandono y el ostracismo, víctima de un proceso histórico que se niega a reconocer, Berlín es la voz que desde el pasado tamiza un mundo que ya no existe. Es un ejemplo de lo dicho por Oscar Wilde: un cínico es un hombre que conoce el precio de todo y el valor de nada.

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