Decoro
enero 15, 2021 |

Durante décadas los gobiernos neoliberales mexicanos mostraron una disposición rayante en la abyección a las operaciones de agentes extranjeros en el territorio nacional, incluso armados.

En diciembre fueron avaladas nuevas reglas del juego. La reforma a la Ley de Seguridad en México aumentó los controles sobre el trabajo de los "agentes extranjeros" en el país. Incluidas las operaciones antidroga, desde luego, toda vez que en el contexto de la guerra contra el crimen organizado se llevaron operaciones que afectaron profundamente la seguridad de los mexicanos. Los varios operativos de "Rápido y Furioso" para la introducción y rastreo de armas en este país llegaron al absurdo ofensivo. La nueva reglamentación soberana tensó la relación con Estados Unidos, especialmente con el presidente electo.

El Congreso aprobó la iniciativa presentada por el presidente López Obrador, a todas luces necesaria para reafirmar la soberanía nacional seriamente vulnerada por Calderón y Peña Nieto, pero que el establecimiento de Washington consideró un retroceso en la cooperación bilateral. Se dijo que eso tensó las relaciones con el gobierno demócrata entrante.

Como de costumbre, los medios opositores distorsionaron la información diciendo que México amenazaba. Tuvo que intervenir el presidente López Obrador: No amenazamos a nadie. Lo único que hicimos fue, por la vía diplomática, expresar nuestra inconformidad y se entendió muy bien y se resolvió en esta primera instancia. La detención sorpresiva del ex secretario de la Defensa Nacional, el general Cienfuegos, fue la gota derramada.

El renunciado fiscal general William Barr dijo que "aprobar esta legislación solo puede beneficiar a las violentas organizaciones criminales transnacionales". Es mentira. El origen de los desencuentros no es la claridad en las reglas del juego soberanas, sino su laxitud y permisiva falta de definición puntual.

Lo curioso es que pese a la permisiva laxitud de los gobiernos anteriores, la confianza estadounidense en la colaboración con México era, si acaso, harto limitada.

Pero ahora el gobierno mexicano ha suavizado las reglas luego de que Estados Unidos se inconformara, lo que sugiere que el movimiento mexicano fue eficaz.

Ahora los funcionarios mexicanos deberán informar sobre cualquier intercambio de información con agentes extranjeros hasta tres días después de llevado a cabo el contacto. Los informes no contendrán información sensible, solo fecha y tipo del contacto, nacionalidad y agencia del agente extranjero, tema y objetivo de la reunión. Las embajadas extranjeras en México informarán mensualmente a las autoridades mexicanas los acuerdos de cooperación en seguridad. Tal informe deberá proteger la confidencialidad de la información.

La "confidencialidad y reserva de información" está condicionada a la presencia de un miembro de la cancillería mexicana en las reuniones entre servidores públicos y agentes extranjeros. No suena mal.

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