Nublados
enero 14, 2021 |

Hace apenas unos días, antes del nuevo año, existía la esperanza de que el 2021 fuera distinto al distópico 2020. No había pasado la primera semana del año cuando vimos el Capitolio, sede de la Cámara de Representantes estadounidense, tomado por una horda de simpatizantes de Trump, extremistas de derecha, marginados.

Luego de ver los disturbios raciales a lo largo del año pasado en varias ciudades estadounidenses por la muerte frente a cámaras de un ciudadano de raza negra a manos de un policía blanco por el uso excesivo de la fuerza en una situación que ni remotamente lo ameritaba, es inevitable encajar cierta angustia por lo que parecen ser síntomas severos de decadencia de la democracia estadounidense.

La polaridad extrema que hoy existe en la sociedad norteamericana es indicativo de la magnitud y complejidad del problema.

Una sociedad de dominancia blanca exacerbada por la permisividad y complacencia de un gobierno antineoliberal, antisistémico, con quien en ese sentido se puede coincidir, pero no con los desordenados contenidos ideológicos de un movimiento social de descontento muy fuerte pero muy retrógrada e ignorante.

En los dos últimos días un presidente que parece estar encaprichado en un estado de autorreferencialidad extrema, más propia de un párvulo de cinco años que de un hombre en sus setenta.

Esto es una inflexión, ni idea a donde pueda dirigirse y lo que de ello vaya a resultar, pero el planeta y las reglas del juego están cambiando tan acelerados que los desencuentros son casi inevitables.

Llegará a la presidencia un hombre mucho más presentable que Trump, pero mucho más peligroso. Biden es el prototipo neoliberal. Son previsibles los desencuentros porque son concepciones de gobierno excluyentes.

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