E pluribus unum
enero 09, 2021 | J. Enrique Sevilla Macip

Hacia el final de la sesión del Congreso Continental que redactó la Declaración de Independencia de Estados Unidos en 1776, se decidió que Thomas Jefferson, John Q. Adams y Benjamin Franklin conformaran un comité especial para el diseño de un escudo de armas – o sello – para el recién nacido país. Si bien estos tres "padres fundadores" destacaron por su imaginación intelectual y sus dotes en la ingeniería constitucional, lo cierto es que flaqueaban en cuanto a nociones y creatividad gráfica. Después de contar con la asesoría y propuestas de Pierre Eugene du Simitiere, sometieron al Congreso una primera propuesta de escudo que, si bien no fue aprobada, ya contenía algunos de los elementos centrales que terminarían plasmándose en la versión definitiva del Gran Sello de Estados Unidos de América (como formalmente se le conoce) que se aprobó en 1782.

Entre dichos elementos destaca el lema E pluribus unum, presente en una banda que en la versión actual sostiene el águila calva con su pico, y que al español se traduciría como "de muchos, uno". Para entenderlo, hay que tener en mente otro elemento del escudo, una nube circular dentro de la cual están agrupadas trece estrellas que hacen referencia a los estados originales que constituyeron al país. Así, el lema hace notar cómo las distintas partes (los estados) conforman un nuevo todo (el país), sin por ello perder su particularidad. Es importante recordarlo a la luz de los conflictos que sobrevendrían durante el primer siglo de existencia de Estados Unidos, que giraron precisamente alrededor de la tensión entre las partes y el todo o, puesto en términos de la administración pública, entre los gobiernos estatales y el federal. Visto desde hoy, la interpretación general de la historia del país sugiere que de dicha tensión – su episodio más extremo siendo la Guerra Civil de 1861-1865 – salió avante la Federación, cuyo poder sobre los estados no hizo sino crecer a lo largo del siglo XX, con mayor celeridad durante su segunda mitad.

De esta manera, en las últimas décadas la unicidad del Estado estadounidense (valga la redundancia) se ha dado por sentada, menudo pasando por alto esta tensión originaria. Una elocuente imagen tomada durante el asalto al Capitolio por parte de las hordas de simpatizantes del aún presidente Trump da cuenta del olvido de esa verdad esencial de la república. E pluribus unum. El lema corona también el salón de sesiones del Senado, inscrito en la franja de marmol que custodia la mesa desde donde el presidente de la Cámara – por ley también el Vicepresidente del país – conduce los trabajos. En la fotografía que refiero, un simpatizante del presidente está sentado detrás de dicha mesa y, ante un pleno vacío, levanta el puño derecho y grita "Trump ganó esta elección" – según señala el pie de foto.

Del ascenso de Trump, de su caída, de lo que será del "trumpismo" después del 20 de enero próximo y durante el gobierno de Biden, se han hecho sendos análisis desde ambos lados del espectro político, haciendo hincapié ya en las relaciones raciales, ya en los cambios estructurales de la economía estadounidense durante el último cuarto de siglo. No obstante, después de la acelerada descomposición política y social que han representado los últimos cuatro años, de una agudización de la polarización rayana en lo irreconciliable, los estadounidenses bien deberían revisar los elementos que componen su emblema nacional. Quizás ahí encuentren, si no salidas prácticas para su crisis actual, sí al menos los trazos necesarios para comenzar a pensar, de frente, una respuesta a la cuestión más apremiante. A saber, si están dispuestos, o interesados siquiera, en seguir siendo ese uno, de muchos, que originalmente se pensó Estados Unidos.

Twitter: @jesevillam

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