El camino bifurcado
noviembre 09, 2020 |

Es curioso cómo en los medios informativos norteamericanos e internacionales hay una marcada polaridad en favor de Joe Biden con todo de que, se dice, está incapacitado para estar a frente del poder norteamericano. Lo cierto es que Donald Trump ha tenido una pésima relación con la prensa liberal norteamericana y mundial. Guardadas todas las proporciones y la diferencia de circunstancias, un poco como la tiene AMLO con buena parte de la prensa nacional y mundial identificada con los valores neoliberales.

La comparación viene a cuento porque al momento de escribir este editorial no hay un ganador oficial del proceso electoral norteamericano. Con todo, la prensa norteamericana y mundial ha declarado a Biden como triunfador. Usualmente, a estas alturas de la pelea el candidato derrotado ha ya reconocido el triunfo de su oponente con base en las tendencias y en la confiabilidad de la contabilidad del sufragio. Pero la pandemia hizo estos comicios singulares. Esto, porque un porcentaje importante de votos se emitió vía correo. Dicho método favorece más a los candidatos demócratas. Y pasa que el resultado de los comicios es especialmente cerrado y, al parecer, el equipo de campaña de Donald Trump insiste en haber documentado varios incidentes de fraude electoral que introducirían una muy fuerte sospecha de alteración de la voluntad popular.

El caso es que no ha habido resultados oficiales. Quien ha dado la impresión del triunfo demócrata ha sido la prensa democrática norteamericana y mundial. La diferencia es por décimas, en tales condiciones toda irregularidad, por mínima que sea, tiene una importancia sustantiva, porque puede definir la victoria en una elección en la que parece jugarse algo más que la presidencia de los Estados Unidos. Esto es, el tipo de capitalismo de las próximas décadas. Es decir, un capitalismo definido por la producción física de bienes y servicios, el tipo de economía que genera fuentes de empleo, o un capitalismo financierista neoliberal que favorece la especulación en bolsa y no la generación de bienes materiales. Las consecuencias de ambos modelos son considerablemente distintas.

Como las cosas están todavía en veremos, el gobierno mexicano se ha contenido en reconocer el triunfo a cualquiera de los contendientes. Un ejercicio prudente, sentido común, de las relaciones bilaterales. El gobierno mexicano se atiene a cifras, no a encabezados periodísticos.

La canalla aborigen, esto es, Calderón y demás corifeo análogo, se han apresurado a ponderar las tendencias a favor de Biden y por tal razón enderezan sus críticas al gobierno mexicano por aún no reconocer esas tendencias y con base en eso aceptar su triunfo. Piedad. Un razonamiento pueril e irresponsable. Pero es el tono de no pocos diarios impresos y agencias de medios de presencia internacional.

Curiosamente, Trudeau, Macron, Boris Johnson, Merkel, junto con José Antonio Meade, Ricardo Anaya, la Asociación de Gobernadores de Acción Nacional y el resto de la fauna de acompañamiento local han ya aceptado el triunfo del demócrata.

La sociedad norteamericana está completamente polarizada. Lo que le faltaba al 2020. Este año parece haber sacado lo mejor y lo peor de los gobiernos. Los demócratas políticamente correctos y presentables que la emprenden a macanazos contra el respetable que se opone a las restricciones a su libertad, y los gobiernos como el mexicano que se niega a apelar a argumentos de autoridad para imponerse sobre los gobernados. La imagen del autoritarismo neofascista está a la vista y al alcance. Es posible. Eso es el neoliberalismo. Esta pandemia y la psicosis en torno a ella es neoliberal. Y lo que falta por ver.

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