Política

Democracia y partidos fuertes

octubre 25, 2020

Entre algunos de los cambios sustantivos que acarrea para el país el proceso de transformación institucional que empuja el lopezobradorismo –con todos sus claroscuros, deficiencias y carencias que de manera natural se dan en cualquier circunstancia inédita como la mexicana– se halla el mecanismo de renovación de la dirigencia del partido gobernante, señaladamente por la ausencia de participación e influencia directa del Presidente de la República.

Lo anterior es algo insólito para la cultura política tradicional que no solo esperaba sino exigía que el Presidente en turno tomara partido e influyera en la decisión de sus correligionarios pare decidir quién debería ser el próximo líder nacional. Esa conducta era vista como normal y se demandaba para que la militancia y los distintos grupos se disciplinaran y no se equivocaran, lo que para la política tradicional era visto como algo absolutamente natural. Así sucedió durante los gobiernos surgidos del PRI y del PAN, donde el Ejecutivo imponía a un líder afín, con el propósito de conducir sucesivos procesos electorales a modo de las conveniencias del grupo gobernante en turno y preparar el terreno, tanto para la sucesión presidencial como de las distintas elecciones estatales.

Por ello es de llamar la atención tanto la ausencia de intromisión del Presidente en los procesos internos de Morena, como el hecho de que el relevo institucional se diera por mecanismos aleatorios que no garantizaban la toma del partido por cuenta de grupos afines al mandatario. Aunque la discusión interna estuvo ensuciada en su inicio por intereses de los grupos que detentaban el control del partido desde su creación, situación que se conflictuó aún más con la intervención del INE, el caso es que deben tomarse los aspectos positivos de dicho ejercicio democrático. Al igual que la incipiente democracia nacional reclama la existencia de partidos fuertes, con claridad ideológica y propósitos afines a los intereses ciudadanos y no solo a los de sus cúpulas dirigentes, el país necesita de un partido gobernante consecuente con el proceso de cambio profundo que plantea el gobierno de López Obrador.

La construcción de la democracia y de instituciones renovadas alejadas de la corrupción que ha provocado el catastrófico estado actual del país, se encuentra bajo asedio por parte de grupos de extrema derecha, organismos empresariales de corte neoliberal, ideologías conservadoras ancladas en partidos y organizaciones sedicientes democráticas, pero que en el fondo solo están reaccionando en defensa de sus intereses, trastocados por una visión renovada del estado benefactor, preocupado por las enormes masas pauperizadas por años de olvido y explotación, cuya situación se agudiza con la pandemia.

La tarea de la nueva dirigencia morenista será sustantiva en darle continuidad, solidez y vigencia para acompañar la estrategia presidencial, y rescatar lo poco que dejaron los gobiernos neoliberales.