"Istmo de Tehuantepec: Tratos, relatos y retratos", Exposición virtual
octubre 24, 2020 | La Redacción y Constanza Mazzotti

La exposición virtual multimedia "Istmo de Tehuantepec: Tratos, Relatos y Retratos" inaugurada el día siete de octubre del presente año, bajo la curaduría del Mtro. Raciel Rivas, reúne a más de 25 artistas que han retratado los paisajes y la idiosincrasia de las mujeres y los habitantes del istmo de Tehuantepec.

La exposición virtual que ha viajado por el Centro Histórico en el Museo de la Cancillería, por Madrid en el Instituto Cultural de México se encuentra disponible para todo el mundo gracias a la colaboración entre la Dirección Ejecutiva de Diplomacia Cultural, el Gobierno de Oaxaca y Transitante.org; la misma está conformada por textos introductorios de Natalia Toledo y Mardonio Carballo y se conforma por la obra artística de Claudio Linati, Aurora Reyes, Ángel Zárraga, Germán Gedovius, Nickolas Muray, Mariana Yampolsky,Graciela Iturbide, por mencionar algunos.

"Istmo de Tehuantepec: Tratos, Relatos y Retratos" consta de tres salas virtuales, cuyos contenidos están en español e inglés.

El equipo curatorial se encuentra encabezado por Raciel Rivas y conformado entre otros por Brenda Luna Lobato y Nínive Salas así como por Valentina Tostado.

El texto aquí presente La mirada de Oaxaca forma parte de la sala "Retratos" destinada a fotografías de Graciela Iturbide.

Link de la exposición virtual: https://diplomaciacultural.mx/expoistmo/?fbclid=IwAR2LPSv1p9dja9KMVbgzogfXTsvpMPm8khKMnKtNT77alzUMPf9u-_U6qcs

La mirada de Oaxaca

Son miradas que recuerdan a un paisaje. Un paisaje sobre rostros que son lienzo de ternura y de dureza. Como tierra seca y como tallo que reverdece.

No hay colores entonces no hay medias tintas, queda imaginar los tornasoles de las flores, de las joyas y el humor de las iguanas. ¿Para qué mostrar colores cuando hay esos paisajes?

El blanco y negro muestran artefactos que encuadran. La mano de las buenas formas, un sombrero que nos toma por sorpresa. La mirada hace aquí de la tradición el artificio que no importa. Dos estampas que nos anuncian que lo verdadero viene de dentro. No importa lo que se porte, lo que se porta es la mirada.

Las mujeres sostienen animales inanimados en estado de ornamento y sirven para lo mismo: rituales. Cocinando máscaras o tejiendo aves lo que se asoma es más que lo antropomorfo del momento. Los ritos que otorgan sentido son el marco de un pueblo, mujeres de Juchitán de Oaxaca en cuatro fotos, las suficientes para dibujar el paisaje completo. La sangre que se pinta y la fiesta que se intuye otorgan el rostro que lo convierte en un todo.

Si en unas, ellas son las que nos miran para reconocernos, las segundas son las que nos muestran el camino. El doble movimiento que trae el reconocernos en una imagen, la operación de ida y vuelta o el goce de la mirada se ubica en la escena entera que otorga rostridad de un pueblo entero.

Bastan cuatro momentos de la mirada de la fotógrafa para construir la identidad y su propia versión de lo que es Oaxaca. Pero son el espacio y el tiempo los fundamentales para crear su memoria. El mecanismo de la construcción de archivo, este que atesora la mirada que profundiza en las raíces de un pueblo, recae no sólo en el marco y papel que lo contiene sino en el camino que emprende.

¿Cuántas veces hemos retratado los paisajes de Oaxaca? Y pensar que son apenas un puñado de imágenes las que permanecen al filo de la evidencia y de la analogía en las que vemos representado nuestro yo en forma de cuerpo. ¿Quién es esa mujer que nos mira de manera retadora y de ternura temprana? Ese acto de reflejarnos en el otro a través de la imagen resulta ser más que una simple percepción, se vuelve un acto antropológico al momento de reconocernos en una emoción transmitida a través de la foto. El qué vemos se convierte en acontecimiento y representación. Yo soy esa ternura y soy también la dureza con la que mira el pueblo oaxaqueño.

@tresdeleila

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