Cultura

Las aventuras de Weremere

octubre 09, 2020

Tú no eres así Cirilo

Era 1985 lo recuerdo muy bien, porque fue antes del terremoto de la ciudad de México de Septiembre y también, por la boda de una sobrina de Weremere que fue lo que dio pie a esta aventura que les narraré.

Era un mediodía caluroso del mes de abril de 1985, amontonados como ratones en madriguera, amigos y familia de Weremere habíamos llegado de todos los rincones de la ciudad y lugares vecinos a las oficinas del registro civil, pero el único que no había llegado ni llegaría era el señor juez de paz o para los jarochos el casamentero.

Se contaba que el casamentero era muy especial y tenía entre ceja y oreja a Weremere por un pleito añejo, motivo por el cual mi amigo no había metido las narices en los trámites previos del casorio.

Pero pasado los minutos llegó la hora y pues del juez nada y nadie sabía que hacer, así que molestó Weremere se dispuso ir a ver al alcalde de Veracruz, del cual tenia una buena amistad desde la primaria, el distinguido Adalberto Tejada Patraca.

Así las cosas, acompañe a weremere a unas cuadras cerca del edificio del registro civil donde está la oficina del acalde, cosas de la vida, estaba en una reunión de cabildo y nos avisaron que no nos podía atender.

Enojado Weremere salió a echar pestes a la zona de los portales y allí fue donde saludo a Luis Mere Gómez un destacado medellinense, hoy hijo predilecto de Medellín de Bravo y famoso beisbolista que estaba acompañado por ni más ni menos de Jesús Martínez Ross, que había sido gobernador del Estado de Quintana Roo y que por azares de la política estaba en Veracruz como delegado del poderoso, en aquel entonces Partido Revolucionario Institucional.

Entre gritos, como era su costumbre, saludo a Luis y este le presentó a don Jesús que también era un tipo jocoso, jacarandoso y dicharachero, muy amigo de la bohemia.

Weremere les externo su cuita, de la sobrina Chula - que no lo era tanto, solo era el apodo de pequeña.

Así las cosas y ante la identificación de aquellos hombres, como amantes de la bohemia, la salsa, las mujeres y el alcohol, no tardó mucho don Jesús, para ofrecer su intermediación y como de rayo nos dirigimos a las oficinas del alcalde.

No sé si solo en Veracruz paso esto, pero el alcalde dejó tirada la reunión de cabildo, y salió presuroso al Registro Civil a unir formalmente, a la chula- que no lo era tanto - y al simpático nuevo elemento de la familia, un flaquito llamado Arturo, que no duró mucho aguantando a la chula.

En fin, como les narro, Adalberto Tejada investido por la ley de los hombres unió a la feliz pareja ante la algarabía de los familiares que ya estaban agotados por el calor y en espera de refrescarse durante la comida, a la que fueron invitados el delegado, Mere y el alcalde.

¿Y que creen? Pues si todos aquellos personajes se fueron a la comida en el patio de la casa de prima de Weremere allá por la zona norte de la ciudad.

Como si fueran amigos de hace muchos años Weremere y el delegado del PRI, convivieron toda la tarde y gran parte de la noche.

Como en aquel tiempo no había nada de andar de pichicato o restringiéndose en los viáticos, el delegado haciendo honor a su nombre y emulado las bodas de Canaán, hizo que el alcohol fluyera toda la tarde noche, especialmente ron Bacardí blanco y para los invitados de honor ron Appleton Estate cuando era realmente bueno.

Cuando la fiesta estaba en su apogeo y a falta de celulares, como a las 12 de la noche llegó el secretario de gobierno Dante Delgado, con una encomienda harto delicada, así como estaba el delegado tenían que irse de inmediato a Acayucan a hablar con Cirilo Vázquez Lagunes, el cacique, para resolver unos asuntos que no debían demorar en ser resueltos por órdenes del gobernador.

Dante ya conocía al weremere, así que no le extraño que hiciera amistad con el delgado, lo que si le extraño fue que el delegado invitara a la importante misión a weremere y eso porque mi amigo comentó que se llevaba muy bien con el cacique del sur.

Luis Mere y Adalberto se excusaron de ir por obvias razones, solo un loco se le ocurriría ir sin escolta y a media noche rumbo a Acayucan al rancho del señor de aquellas tierras y a saber que era lo que tenía que tratar, que por la cara de Dante seguramente eran posiciones en las nuevas elecciones.

Me ofrecí a acompañarlos porque no iba a abandonar a mi amigo, considerando que ya estábamos enfiestados y todo el camino todavía nos despachamos otra botella de Appleton.

Llegamos de madrugada al rancho y no había buenas señales, en la entrada había puro ranchero malencarado que no disimulaba sus armas de grueso calibre.

Yo la verdad, y creo que Dante también sudábamos frío, frío, a mi de plano se me bajo la borrachera y ya dentro del rancho me di cuenta que había estado loco en acompañar a Weremere en esta aventura.

¿Qué fue lo que paso?

Bien, no dilatando salió a recibirnos Cirilo con una sonrisa de esas que no auguran nada bueno.

No pudo ocultar su sorpresa de ver a Weremere y a lo mejor eso ayudó mucho a enfriar el tenso ambiente que empezó a sentirse, cuando pasamos a una mesa alejados de la casa principal y cerca de una cañada.

• Aquí nos van a sembrar- pensé.

No hubo necesidad de andar con diplomacia, el delegado soltó a raja tabla lo que el partido esperaba del cacique y este pues nomas escuchaba o hacia como si lo hiciera y mientras mandó a uno de los rancheros por una pata de elefante de ron Bacardí blanco que para el delegado, Weremere y un servidor fue como tomar agua fresca, no así para Dante que para las 12 del medio día ya estaba más rojo que una jaiba brava.

La negociación se había estancado y los ánimos también, el delegado hablaba de lealtad y Cirilo de compromisos y honor, y así hubiera seguido la cosa y no sé si para mal, porque ya el cacique mostraba signos de estarse encabronando con lo del asunto de la lealtad al partido, cuando mi amigo Weremere soltó esta frase.

• ¡Cirilo todos dicen que eres un hijo de la chingada, un cabrón bien hecho!

No les miento, aquella frase hizo que Dante murmurara un padre nuestro y hasta el mismo delegado apretó los labios y abrió grande, grande sus ojitos soñadores.

Cirilo se incorporó de la silla como para buscar su escopeta y entonces Weremere continuó con esa sangre fría que lo caracterizaba.

• ¡Pero nosotros sabemos que no es así, tu eres un buen hombre Cirilo!

• ¿Verdad que sí? Dijo el cacique mientras hacia señas para que nos acercaran más hielo y otra botella.

• ¿Ya ve delegado?, yo no soy así, no soy malo- dijo con una voz ya más amable, como un chamaco que se excusa se haber roto un vidrio.

• Nosotros lo sabemos Cirilo, nosotros lo sabemos -dijo el delegado saliendo de la sorpresa y agrego: por eso estamos aquí, solos, con la confianza que venimos con el amigo.

• ¡Así es digamos salud! Gritó Weremere.

Después de la segunda pata de elefante todo quedó arreglado y se zanjaron las diferencia partidistas, lo que sucedió al regreso a Veracruz ya es digno de otra narración, porque Dante nunca le perdonó a Weremere la diarrea de dos días que tuvo por tomar Bacardí derecho y mucho menos que fuera el asesor del delegado y padrino de Mere en la alcaldía de Medellín, pero esa es otra historia.