Cultura

Las aventuras de Weremere

octubre 01, 2020

La incertidumbre

Weremere y yo crecimos juntos en esta ciudad. Fuimos testigos de su cambio y transformación, de ser una curiosa ciudad de provincia a una convertirse en una zona metropolitana respetada y reconocida por propios y extraños.

Hoy las nuevas generaciones de jarochos desconocen la aventura que implicaba viajar a Boca del Rio y ¿Qué decir de los viajes eternos a la capital Xalapa? cuando hoy llegas en menos de una hora o aún mejor aquellos viajes nocturnos en el tren a la ciudad de México y despertar admirando el paisaje lleno de magueyales y el trazo de las vías que no parecía tener fin.

Nuestros viajes de "mosca" en los tranvías y los inocentes entretenimientos como ver llenarse las botellas de Pepsi en la fabrica que estaba en la avenida Diaz Mirón cerca de la casa de weremere me llenan de nostalgia y aún más con la falta de mi amigo que a todo le encontraba un dicho o frase que te hacia soltar una carcajada.

Puedo afirmar que la vida siempre le sonrió a weremere por la sencilla razón que weremere siempre se reía de todo, era un tipazo del buen humor aún en los momentos más ríspidos que si los hubo, como cuando un tipo nuevo en el muelle se le hizo muy ocurrente darle a weremere un clásico "piquete" de culo de los que se daban los amigos ya en confianza. La reacción del weremere no se hizo esperar, le dio un golpe seco en la cara que mandó al atrevido al piso ante la sorpresa de todos mientras lanzaba esta clásica expresión que también lo hizo famoso:"¡Yo soy puto de la cintura para abajo, de la cintura para arriba no!?

Además de ser muy agradable y tener una chispa que le generaba simpatía con todos – nunca le conocí un enemigo, incluso el tipo del "piquete" de culo se volvió su amigo- weremere era un tipo muy sagaz para hacer negocios, pero eso si muy derrochador y mal administrador, cosa que lo tuvo varias veces en la quiebra financiera y otras tantas en los cuernos de la luna.

La anécdota que hoy traigo a colación fue cuando weremere tenia a sus vacas flacas y recuerdo el año y el mes, porque a casi a todos nos pego esa crisis económica, fue en Diciembre de 1994.

Era costumbre que weremere comiera en mi casa una o dos veces al mes, dependiendo, insisto, de la situación financiera de mi amigo, porque cuando andaba en jauja lo común era que me invitara a mí, que siempre andaba con una mano atrás y la otra adelante. Pues bien, aquella tarde de diciembre de 1994 llegó weremere a la casa sin avisar y yo no estaba, pero estaba mi pareja de aquel entonces – porque nunca he aprendido a estar solo- Leticia, que era hija de un turco, una muchacha de ojos encantadores y muy vivaz. Pues bien, como Lety sabía que éramos muy amigos lo dejo entrar y la anécdota de acuerdo a Lety fue la siguiente:

¿Cómo esta Juanito?, ¡Que milagro!

Bien doña Lety aún con lo de la incertidumbre

¿La incertidumbre? – preguntó mi mujer extrañada.

¡Si!, esa que dice *Pedro Aspe, el ministro de Hacienda, que si la incertidumbre por la devaluación del peso, que si la incertidumbre de la flotación que si la incertidumbre de una devaluación

¡Ah, qué cosas! - - me contó mi mujer que lo primero que pensó fue que weremere estaba mariguano.

Pero, ¿sabe una cosa doña Lety?, ¡Lo que sí es incertidumbre es lo que me pasa a mi!

¿Si? ¿y qué le pasa Juanito?

Mire la hora que es, tengo hambre y solo 5 pesos, si me compró un volován me quedó sin dinero para el camión y tengo que irme a casa caminando, pero si lo hago voy a llegar con hambre, ahora bien, si me voy camión pierdo mis 5 pesos y de todas maneras voy a tener hambre.

¿y luego?

¡Pues que eso si es incertidumbre Lety y no las pendejadas de Pedro Aspe!

Cuando llegue a casa Lety ya le había dado de comer a weremere y me esperaba en la entrada, como todo un caballero, aún cuando tenía toda mi confianza y conocía que no era una persona atrevida, prefirió salir a la puerta sentarse y fumarse un cigarrito mientras Lety seguía con las labores del hogar.

De la incertidumbre no platicamos, solo que estaba muy contento y agradecido por la comida y que luego le tocaría a él, como muchas veces le tocó y siempre fue un excelente convidante cuando las vacas estaban gordas.

La anécdota de la incertidumbre me la contó Lety por la noche y no paramos de reír hasta la madrugada.

*Pedro Ase Armella Secretario de Hacienda en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Agradecimiento especial a Miguel Ángel Valenzuela Reyes, por esta anécdota y en reconocimiento a Alfredo Sánchez "Pinolillo" por ser historia de nuestra tierra.