Política

Plañideras

septiembre 17, 2020

El estamento conservador y cleptómano que desgobernó a México los últimos 30 años está nervioso. Tienen razón para estarlo. El cerco de la justicia se va cerrando y eso les inquieta. Se saben responsables del desgarramiento del país. Salinas por haber enajenado malbaratando varias empresas paraestatales. El adelgazamiento del Estado con que razonó y justificó las decisiones tuvo como resultado inmediato la polarización del bienestar de los gobernados. Unos pocos inmensamente ricos, millones en la casi completa precariedad. Luis Donaldo Colosio prometía restablecer el Estado de bienestar. Lo mataron por eso.

Ernesto Zedillo, su jefe de campaña, heredó la candidatura y fue sumamente dúctil a la concepción neoliberal instaurada por Salinas, quien había llegado al poder después de un fraude monumental en contra de Cuahutémoc Cárdenas Solórzano, quien prefirió no enfrentarse y aceptó los resultados tramposos.

Zedillo compartía plenamente la concepción neoliberal aun siendo jefe de campaña de Colosio, en su gobierno continuó la desincorporación de las empresas del Estado mexicano, destacadamente puso en manos de empresas extranjeras la red nacional de ferrocarriles. Un pensamiento anti estratégico inquietantemente similar a la traición pero, además, protegió a los perpetradores que el 22 de diciembre de 1997 masacraron a 45 hombres, mujeres y 15 niños en Acteal, Chiapas. Dos años antes también protegió a los perpetradores de la masacre de Aguas Blancas, Guerrero.

Fox, el alto vacío autodenominado el "presidente del cambio", se convirtió al término de su gobierno en en el ex mandatario con mayores demandas judiciales en su contra. Persiguió y hostigó como ningún otro gobierno a líderes sociales y magisteriales de Oaxaca.

Felipe Calderón, fraudulento e ilegal, no solo usurpó la Presidencia sino que metió al país en una dinámica de guerra que llevó a México al paroxismo del horror macabro. Pactó con una facción criminal en contra de sus competidores. Se alió con el crimen organizado.

Enrique Peña Nieto es, llanamente, el paradigma de la corrupción cínica y desvergonzada, su gobierno traicionó a los gobernados escamoteándoles su derecho al bienestar y al futuro.

Cinco gobiernos, treinta años de socavar la tranquilidad presente y en el futuro de millones de gobernados. De aviones fastuosos dados como sello de la complicidad continuada.

Hoy, en esa runfla de cleptómanos y sociópatas están nerviosos. Se apersonan a lloriquear en el INE, y admonitorios hace spots dirigidos al presidente con argumentos vergonzosos por chabacanos. Los gobernados los han condenado al desprecio. Les irá muy bien si en eso queda, que es improbable por que los gobernados reclaman justicia desde hace demasiado tiempo.