Segundo informe
septiembre 02, 2020 |

Quién iba a decir que en la aletargada modorra de este confinamiento que se suaviza, los escándalos hicieran tan emocionante el sedentarismo. En los Estados Unidos se debaten en la guerra entre el escarnio a su presidente, y las revelaciones en medios alternativos de los hábitos sexuales de sus élites, pero derivadas de filtraciones de Wikileaks, lo que les da un matiz que obliga a poner atención en eso.

En México se cantan mejor las rancheras. Empiezan a desgranarse las revelaciones periodísticas que describen con detalle los modos y procederes de un gobernante espurio y criminal que no solo hundió al país en una guerra con fines de legitimación y de la que terminó por beneficiarse por el pacto con una de las facciones del crimen organizado. Con uno de los enemigos. Nada más ni nada menos. En plena guerra.

El gobierno enviando a su embajador a negociar con el enemigo. Para aliarse con él. En la misma mesa que el capo de alguna o algunas organizaciones criminales. Eso es muy fuerte. Significa que las instituciones del Estado mexicano fueron puestas por un gobierno al servicio de una empresa ilegal. Hizo del Estado mexicano cómplice de criminales. Pero murieron miles de mexicanos. Enlutó a miles de familias y dejó en la orfandad a miles de niños. Mexicanos. Metió al país en una guerra con un enemigo de mil cabezas y se alió con una de ellas para beneficiarse de ello. Con el enemigo. En plena guerra.

Eso tiene nombre. Se llama traición a la patria y por eso si se puede juzgar a un ex presidente. Sin necesidad de legitimación popular. Pero no solo se trata de eso, de castigar al traidor. Se trata de educar, de civilizarnos. Hay que poner atención. Estamos en una República Restaurada. Otra vez.

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