Política

Homenaje a Bradbury

agosto 23, 2020

En el centenario de Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, agosto 22 de 1920-Los Ángeles, junio 5 de 2012) vale recordar la admiración que le profesó Borges, lo que da pie a una historia con final apócrifo.

A finales del siglo XIII Marco Polo describió en El millón el palacio de su jefe, el emperador mongol Kublai Kahn. Borges cuenta en "El sueño de Coleridge", que en 1836 apareció en París un fragmento del "Compendio de historias" que en el siglo XIV escribió el persa Rashid ed-Din. Ahí se narra que Kahn mandó construir un palacio a semejanza del que se le reveló en un sueño, pero para 1691 solo perduraban unas ruinas, según el jesuita Jean-Francois Gerbillon.

En 1816 Samuel Taylor Coleridge escribió un poema onírico sobre ese palacio. Como la edificación misma, del poema solo quedan trozos, pues al despertar el poeta apenas pudo recordar unos 50 versos.

Borges se pregunta cuándo "alguien, en una noche de la que nos aparten los siglos, soñará el mismo sueño y no sospechará que otros lo soñaron y le dará la forma de un mármol o de una música".

Tal vez ocurrirá en el tiempo de los autos retropropulsores anticipado por Bradbury en Fahrenheit 451; cuando la gente no converse sino solo cite marcas de coches y se la pase contemplando los muros domésticos –pantallas televisivas– que evitarán que alguien "trate de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario". Los bomberos se encargarán de elevar la temperatura de los libros a 451º Fahrenheit (233ºC) para que hechos cenizas no perturben la felicidad.

En la novela de Bradbury muere atropellada Clarisse McClellan, de 17 años, una "verdadera bomba de tiempo… (que) no quería saber cómo se hacía algo sino por qué". Poco antes de su muerte fue expulsada del colegio, quizás por causa del castillo de Kublai Kahn.

***

A Clarisse le gustaba contemplar las estrellas y pensar en la hierba, las vacas y los insectos. Le encargaron como tarea escolar elaborar un video no realista. Pensando en eso se quedó dormida y soñó el castillo de Kahn, que recreó en video cómputo. Sus profesores robots lo encontraron aberrante. En nada se parecía a los juegos de colores, formas caprichosas y abstractas de los demás estudiantes.

La policía descubrió que al menos había cuatro libros que pudieron inspirar ese video: los de Marco Polo (s. XIII), Rashid ed-Din (s. XIV), Coleridge (s. XIX) y Borges (s. XX). Un sabueso mecánico rastreó en la casa de Clarisse pero no encontró libro alguno. No pudieron proceder legalmente contra la chica.

Una noche Clarisse salió de su vivienda a contemplar las estrellas. Se acercó a la orilla de la acera atraída por unas flores que había plantado el sabueso, y entonces fue embestida por el retropropulsor a 350 kilómetros por hora.

Algunas imágenes del video del castillo siguieron vagando por el ciberespacio, pues la radiación destructiva de la guerra de las galaxias (descrita en la misma novela) dañó irremediablemente el servidor que almacenaba el video. Un vez más el castillo de Kahn fue soñado y convertido en una obra efímera.