Política

Fachas

agosto 14, 2020

Según los referentes sanitarios a la mano, se acepta mayoritariamente que el uso del cubrebocas sirve para evitar que un infectado de covid-19 expanda el contagio del virus a no infectados. Esto, porque el virus es pesado y cae al suelo. Las autoridades sanitarias tomaron distancia de las actitudes autoritarias que pretenden imponer el uso obligatorio del cubrebocas en todo momento. Esto, porque las personas no infectadas con covid-19 sentadas en la misma sala de espera una distancia no menor a dos metros tienen un bajo riesgo de exposición. Por supuesto, las mismas autoridades recomiendan máscaras para pacientes sintomáticos en lugares públicos.

Esto se ha dicho suficientemente. Tal es la razón por la que ni el gobierno federal, ni el de la ciudad de México, que es y ha sido el la zona principal de contagios, ni el del estado de Veracruz, hayan hecho obligatorio el uso del cubrebocas: por la simple razón de que no existe evidencia científica de que un no contagiado se contagie por vía aérea, a menos que algún imprudente tosa o estornude en las inmediaciones. El virus permanece poco tiempo en el aire y viaja poco porque se precipita. Dicho de otro modo, el contagio es por contacto, no aéreo.

Con base en esa ausencia de evidencia, el gobierno se ha negado a hacer obligatorio el uso de cubrebocas. Porque privilegia los derechos humanos ante la evidencia de que el virus se transmite por contacto. La distancia física es suficiente.

Ahora, nunca faltan los gobernantes de reflejos autoritarios protofascistas que traducen sus miedos en actos de autoridad. Eso le ha costado la vida a un taxista de Guadalajara, Giovanni, que a principios de junio fue detenido por energúmenos habilitados como tiras. Lo mataron a golpes por no traer cubrebocas.

Algo similar pasa con el presidente municipal de Yanga, de extracción panista. Un par de días atrás la policía municipal de Yanga arrestó a una mujer por no llevar el cubrebocas.

El punto no es menor, revela con prístina crudeza la naturaleza profundamente autoritaria de los gobiernos panistas. Basta el remitirse al impresentable presidente espurio, Felipe Calderón, a quien las cosas empiezan a complicarse por la intención del gobierno federal de desmontar de una buena vez por todas el pacto de impunidad que estuvo a punto de quebrar la vialidad del país porque la cáfila de gobernantes venales que lo gobernó por 36 años estuvo a punto de quebrarlo por corrupta.

El panismo fue el germen quinta-columnista del partido nazi en los años 30 y 40 en México. No debiera extrañar que reclute y promueva filo-nazis y sociópatas.

El caso Yanga es de ésos.