Política

Morena en su jugo

agosto 09, 2020

La simbiosis entre Andrés Manuel López Obrador –éste como eje central de la irrupción democrática que trastocó el modelo político-económico prevaleciente en el país en los últimos años– y Morena pasa por momentos complicados, difíciles y de incierto pronóstico. Ya el propio Presidente ha dicho que, si el partido que construyó no se pone a la altura de las circunstancias que el país necesita, él mismo estaría dispuesto a renunciar a su militancia.

No es cosa menor este tema. Si se profundiza la discrepancia y la falta de concordancia entre ambas visiones es de suponerse que el mandatario haga efectiva su advertencia. Ha sido notable cómo es que mientras el tabasqueño va por un rumbo, Morena toma el suyo; inclusive, ha sido público cómo López Obrador les ha dicho en su cara que los legisladores morenistas traen su propia agenda, distinta en muchas ocasiones a la del proyecto que impulsa la 4T, privilegiando intereses electorales aun por encima de una propuesta que busca redirigir el gasto social hacia los inmensos grupos vulnerables.

Ahora bien, si las élites del partido consideran que su compromiso con el Ejecutivo ya ha sido saldado –presuntamente porque lo llevaron al poder cuando todo mundo sabe que AMLO obtendría la presidencia con cualquier sigla partidista que le permitiera competir bajo las reglas democráticas que se han establecido– y es momento de volar por su cuenta, el cálculo puede estar equivocado.

Si bien Morena obtuvo un triunfo extraordinario como partido de nuevísimo cuño su fortaleza se enraíza en los más de 25 años de trabajo arduo, austero y de grandes sacrificios personales hechos por el Presidente. De ahí que si bien el Ejecutivo ha asegurado que ha sido respetuoso de sus procedimientos internos tanto para la elección de dirigentes como candidaturas a puestos de elección popular, lo cierto es que muchos cuadros morenistas parecen haber olvidado que en la particularísima coyuntura de su triunfo la asociación con el tabasqueño fue fundamental.

No solo se convirtió en el instituto político más joven en ganar la Presidencia sino que consiguió sus primeras cinco gubernaturas y se alzó como primera fuerza del Congreso hasta incluso alcanzar la mayoría en la Cámara de Diputados. Luego continuó cosechando triunfos al sumar otros dos estados y, con ello, se erigió como la segunda organización partidista que gobierna a más mexicanos: 36 millones.

Sin embargo, dentro de 11 meses podría perder esa hegemonía debido a factores como sus conflictos internos, los señalamientos de una oposición furibunda por posibles desvíos de recursos, el desgaste derivado de que hasta ahora el gobierno federal ha tenido dificultades en alcanzar sus propuestas económicas y de seguridad pública y por la coyuntura de la pandemia de covid-19.

Ese mismo escenario se replica en el estado de Veracruz. La disputa por el control del partido y posibles nefastas alianzas podrían contribuir no sólo a la obtención de adversos resultados electorales en lo local que contribuirían a comprometer el proyecto nacional lopezobradorista.

Para el morenismo veracruzano es tiempo de reflexionar y aprender de la experiencia nacional. La disputa por candidaturas puede llevar al partido a una descomposición similar a la ocurrida a otros organismos, señaladamente el PRD, que en su afán de poder se convirtió en un cascarón de difícil recuperación.