Política

Sincerotes

agosto 03, 2020

Hace poco más de un mes, luego de que las fuerzas el estado hicieran un operativo en Guanajuato, José Antonio Yépez, El Marro, líder del Cártel Santa Rosa de Lima declaró la guerra al gobierno luego de que las fuerzas federales se llevaran a su mamá detenida, junto con otras 26 personas aseguradas. Meses antes los medios conservadores habían crucificado al gobierno por un operativo fallido en Sinaloa.

Ya antes, en abril, los empresarios habían convocado punto menos que a un golpe de Estado pero atemperaron sus ánimos y se atuvieron a la confirmación o revocación del mandato. Después, el Consejo Coordinador Empresarial anunció un "plan alterno" para enfrentar la pandemia.

Tiempo después, los gobernadores de la oposición (léase: del pacto de complicidades que despedorró al país) se rebelaron, primero cada uno por separado, luego, en bloque, y decidieron desoír las políticas de salud federales. Apenas hace unos días López-Gatell les leyó la cartilla en el marco del pacto federal. El presidente visitó sus estados y los gobernadores se aplacaron. Hay quien dice que doblaron las manos, que se empequeñecieron frente al presidente.

Hace apenas un par de días aquellos diez gobernadores que cuestionaban la política de contención del gobierno exigieron que el subsecretario López-Gatell sea reemplazado por un experto, "con conocimiento y humildad", dicen. Susceptibles, probablemente les irrita su contundencia. Los gobernadores señalaron que México se encuentra en el peor de los escenarios y López-Gatell optó por una gestión política de la pandemia. ¡Obviamente! Eso se hace con las pandemias cuando no existe cura. Se administran. La administración de la pandemia ha tenido costos económicos altísimos en el mundo y en México, pero al pacto de impunidad la verdad y la precisión les son prescindibles.

Hace unos días se filtró una video conferencia de Felipe Calderón con representantes de la ultraderecha continental. En ella reveló su naturaleza golpista, neofascista, entre sociópata y psicópata, y llamó punto menos que a un golpe de Estado armado para Venezuela y de paso para México.

En junio, el cardenal Sandoval Íñiguez difundía una versión conspirativa de la naturaleza de la pandemia para afirmar que los gobernantes se aprovechan de ella para "pedir prestado", cosa que no ha hecho el gobierno federal, y que eso se presta para "malpensar" "porque como es dinero para contingencia no está sujeto a revisión, y eso se presta para malversar". Es inútil debatir el tema sobre la base de prejuicios y sospechas descalificados.

Lo que es clarísimo es que existe una campaña concertada para minar al gobierno con miras al 2021. Es previsible que se intensifique. Se entiende, eso es lo que la oposición hace. El matiz es reside en que ésos que se histerizan y se desgarran las vestiduras por las decisiones del gobierno son exactamente los mismos que saquearon al país y dejaron a sistema de salud pública pulverizado.

La cifra de las muertes en México es alta, sí. Ese es el comportamiento de las pandemias. Se puede tener una línea quebrada pronunciada y relativamente breve, o una línea curva larga en el tiempo. La diferencia estriba no en el número de contagios, sino en la capacidad del Estado para atender los casos hospitalarios.

A la hora de escribir este editorial, el gobierno federal detuvo a José Antonio Yépez. La derecha dice ahora que es la misma política de Calderón de descabezar organizaciones. Lo cierto es que Yépez declaró la guerra al Estado mexicano. Y ya está detenido.

La fanfarronería de los jefes de banda es la consecuencia natural de que el Estado mexicano haya sido durante 12 años un narco Estado. Todos los días se decantan pruebas al respecto.

Se entiende la irritabilidad y la inquietud de los integrantes del pacto de impunidad. Por eso son verosímiles las intenciones golpistas de los mismos responsables de la campaña de odio, clasismo y discriminación que emprendieron desde entonces, y que mantiene al país en un pozo de rabia y desencuentros.