Política

¿Por qué los intelectuales odian a López Obrador?

julio 19, 2020

Vale la pena preguntarse por qué suscita tanto odio y encono López Obrador, en algunas redes formadas por grupos económicos y sociales tradicionalmente identificados con el pensamiento conservador, en intelectuales y en medios informativos convencionales, que van más allá de los límites psicológicos de los desafectos o afectos que su personalidad provoca. Pero también, la misma pregunta tiene valor para hacerla a quienes el tabasqueño ocasiona un efecto absolutamente contrario y causa empatías y lealtades absolutas.

Ni el antipático y sociópata de Felipe Calderón o el fatuo y corrupto EPN lograron concitar tantas y profundas discrepancias. Este fenómeno es extraordinariamente visible, en particular, entre la "intelectualidad" que en días pasados llamó a la creación de otro frente antiAMLO para restarle poder al Presidente.

Si bien la responsabilidad del intelectual es el pensamiento crítico y esta labor se desempeña fuera de la política, la mezcla es absurda: el juego político no se da en los terrenos de la pureza de las ideas. Si bien ellas pueden aterrizar en el ejercicio de la praxis política, son transformadas con el uso en herramientas ideológicas: el muerto esqueleto de las ideas.

El intelectual debe pisar el terreno firme de lo material para que crezca, como lo demostró Marx; las ideas son el combustible que puede inflamar la acción, siempre y cuando se sometan a su propia confrontación dialéctica: no es pasto de la llanura –vale decir, del Estado llano y su prensa vana– sino semilla del cambio que florece en el debate de la sociedad no silente. Lo que se demuestra con ello es que no son los intelectuales los que están hablando en primera persona, sino que sirven a intereses de terceros cuyas identidades es fácil suponer.

¿Acaso no está el país en bancarrota, las instituciones desprestigiadas –con un futuro incierto tanto por el robo como por la pérdida de la soberanía alimentaria–, y las finanzas comprometidas generacionalmente, debido a la sarta de ladrones y corruptos del PRI y del PAN que saquearon el país y entregaron con la reforma energética de Peña Nieto la única carta fuerte de que disponía México para jugar en el entorno mundial?

Los odios solo revelan una cosa: que en efecto, lo que sucede en el país es una transformación radical de las interacciones sociales, y por más que se quiera desacreditar o cuestionar todas y cada una de las acciones del régimen de López Obrador, y llamar a sus políticas públicas "populistas" e "irresponsables" o "saltos al vacío", como las califican los pensadores nostálgicos por el paraíso perdido, sus efectos están alterando sustantivamente un viejo sistema anquilosado, carcomido y podrido desde su interior por haber llenado de privilegios a unos cuantos y convertirlos en alegres cómplices de la corrupción y, por ello, serviles al poder en turno.

En aquella construcción del régimen pasado ayudaron grandemente esos intelectuales y la inteligencia orgánica enchufada financieramente al aparato gubernamental –sin distinción de ideologías ni proyectos–, como efectivos disolventes acríticos sobre la opinión ciudadana y la masa silenciosa. Todo ello, de la mano de medios y periodistas que hoy con ferocidad se molestan porque el dinero público se utiliza para paliar la ingente pobreza y triste miseria de millones de familias.

Estos intelectuales hicieron una gran labor porque justificaron, en positivo, de forma genial, el funcionamiento del régimen, su carácter corrupto, aniquilador; del bienestar masivo no se ocuparon, tampoco vieron los riesgos de las "reformas estructurales" de Peña Nieto ni se percataron de que para que tuviera efectividad la fuerza del Estado en el combate a los cárteles, hacía falta desmontar el narcoestado que instituyó Felipe Calderón.

Por lo que se ve, están dispuestos a pagar el costo de poner en prenda su integridad y capital, a fin de convertirse en obstáculo para la transformación del país. De la pureza de sus ideas ni hablar.