Política

Escépticas

julio 11, 2020

Hay un problema que atraviesa la historia de las sociedades humanas de cualquier lugar o época: que los gobiernos con demasiada frecuencia siguen una política contraria a sus propios intereses. La especie sapiens se ha empecinado en demostrar que en cuestiones de gobierno suele desplegar peor desempeño que casi en cualquiera otra actividad humana. La sabiduría –entendida como el ejercicio del juicio, actuando con base en la experiencia–, el sentido común y la información disponible han resultado menos activas y más frustradas de lo prudente. ¿Por qué quienes ocupan altos puestos actúan tan seguido en contra de los dictados de la razón y del auto interés ilustrado? ¿Por qué tan a menudo parece no funcionar el proceso mental inteligente?

Por ejemplo, ¿por qué los jefes troyanos metieron a aquel estúpido y sospechoso armatoste/caballo de madera dentro de sus murallas, pese a que había todas las razones para desconfiar de una trampa griega? ¿Por qué varios ministros sucesivos de Jorge III insistieron en coaccionar –en lugar de conciliar– con las colonias norteamericanas, pese a que varios consejeros les hubiesen avisado, repetidas veces, que el daño así causado sería mucho mayor que cualquier posible ventaja? ¿Por qué Carlos XII, Napoleón y después Hitler, invadieron Rusia, pese a los desastres sucedidos a todos sus predecesores? ¿Por qué Moctezuma, soberano de ejércitos valerosos e impacientes por combatir, y de una ciudad de 300 mil habitantes, sucumbió con pasividad ante un grupo de varios centenares de invasores extranjeros, aun después de que habían demostrado, muriendo, que no eran dioses? ¿Por qué se negó Chiang Kai-shek a oír toda voz de reforma o de alarma, hasta que un día despertó para descubrir que el país se le había ido de las manos? ¿Por qué hasta la fecha las naciones importadoras de petróleo se entregan a una rivalidad por el abasto disponible, cuando un frente unido ante los exportadores les permitiría compensar y eventualmente dominar la situación? ¿Por qué los empresarios y los economistas insisten en el "desarrollo" cuando es más que evidente que el actual modelo agota los tres elementos básicos de la vida en nuestro planeta: la tierra, el agua y un aire no contaminado?

Gobiernos aparte, el hombre ha hecho cosas que lo singularizan como especie: inventó en nuestros tiempos los medios para abandonar la Tierra. Antes, dominó el viento y la electricidad, hizo de piedras labradas catedrales para acuerpar una espiritualidad inducida si se quiere, pero en esencia válida; bordó brocados de seda a partir de la baba de un gusano, empezó cantando, concibió la música y luego los instrumentos para acompañar el canto; derivó de las corrientes de agua energía motora, hizo retroceder el mar del Norte, le ganó tierras y creó los Países Bajos en su lugar; clasificó las formas de la naturaleza, y penetró los misterios del cosmos.

En los últimos 150 años ha acumulado conocimientos y transformado más la tierra que los 5 mil años previos de historia humana.

En esta coyuntura, tal capacidad debería ser un elemento de esperanza. No lo es porque se han acumulado infinidad de conocimientos sin sabiduría. Lo que es casi como poner una pistola cargada y amartillada en las manos de un párvulo de preescolar. Ya veremos qué pasa.