Política

Variables determinantes

julio 10, 2020

No es un secreto el papel que desempeñan las emociones en la configuración del estado de salud general y, por consiguiente, en el desarrollo de las enfermedades. La Organización Mundial de la Salud sostiene que un gran porcentaje de las enfermedades tienen origen psicosomático, esto es, la relación de la mente con el cuerpo. La personalidad, el manejo que tenemos de las emociones y la forma individual de lidiar con el estrés, conflictos, fracasos y frustraciones impactan en el estado general de bienestar y pueden potenciar o desarrollar diversas enfermedades.

La persona es un todo integrado; entender el cuerpo y la mente como estadios separados abre las puertas a la desintegración, a la desvalorización, y hace que el individuo sea más vulnerable a la enfermedad. Hoy es sabido que las enfermedades son fenómenos psicosomáticos porque existe una profunda integración entre las emociones, el sistema nervioso, el sistema inmune y el endocrino. Cualquier amenaza al equilibrio de la salud reclama ser enfrentada desde todos los flancos posibles de la complejidad del ser humano.

La salud y la enfermedad no son un asunto que le concierna únicamente a quienes poseen la anhelada cura, que suelen ser las grandes empresas farmacéuticas. Una prueba para determinar la presencia de Covid tiene un costo que oscila entre 3 y 9 mil pesos.

Es imperativo reenfocar la comprensión de la salud desde la experiencia humana y social. Debe quedar claro que en todo desbalance o enfermedad existe un conflicto intrapersonal no concientizado y la necesidad urgente de armonizar el desequilibrio emocional.

Las emociones son influenciadas por manifestaciones sociales que tienen un significado personal. De ahí que determinados eventos o vivencias marquen un hito en la vida personal o colectiva. Un antes y un después. Cuando las emociones son positivas no hay problema, pero las negativas que deprimen o infunden temores propician funcionamientos desajustados de diferentes sistemas neurovegetativos.

Las emociones perturbadoras impactan negativamente en la salud porque debilitan el sistema inmunológico, impiden que funcione bien. Lograr que el hombre se adapte a su medio reclama la adecuada sincronización de las funciones sistémicas del organismo.

Existen evidencias sobradas de que los factores psicológicos influyen de manera significativa sobre enfermedades causadas por otros factores. Hace más de 20 años que las ciencias de la salud física y mental desarrollan una aproximación más amplia sobre cómo el fluir y la naturaleza de las emociones afectan directa e indirectamente el bienestar físico. Dicho de otro modo, es una estupidez desvalorar los vínculos reales entre los acontecimientos psicológicos, la función cerebral, la secreción hormonal y la potencia de la respuesta inmunológica. Psiconeuroinmunología, le llaman.

Los tiempos que corren oscilan entre la complejidad y la desorientación. Esta percepción hace que las emociones perturbadoras sean un factor de riesgo tan dañino para la salud como lo son el hábito de fumar o el colesterol elevado para los problemas cardiacos, es decir, una importante amenaza a la salud. Los gobiernos habrán de considerar esto para efectos del diseño e instrumentación de políticas públicas, pero el el trabajo definitorio lo hace el individuo. Así que más nos vale estar personalmente apercibidos y actuar en consecuencia.