Política

Dos años. Molestias

julio 02, 2020

Se han cumplido dos años de que los gobiernos federal y veracruzano fueron elegidos por apabullante mayoría. Dos años donde los estamentos conservadores han protestado decididamente desde el interior de sus vehículos. Cosas de la pandemia que atempera rijosidades peatonales, pero que no hacen nugatorio el derecho a protestar. Campeones de la democracia sobre ruedas. Héroes de la manifestación testimonial.

Al gobierno federal se le critica por todos los medios posibles, desde granjas de bots en redes sociales, hasta esa cáfila decrépita del amor periodístico tarifado, indignada por la suspensión de prebendas y flujos de dinero, que hoy desde el extranjero balbucean sus resistencias a la 4T porque pierden dinero con ella, además de que emocionalmente les irrita. Demasiadas emociones perturbadoras. No se hallan.

Ayer, los diputados panistas aborígenes reclaman que a dos años del cambio de gobierno la economía del estado es incierta, lo que tiene preocupadas a las familias mexicanas porque no se han resuelto ninguno de los grandes pendientes que ofrecieron atender una vez que llegara el gobierno de la Cuarta Transformación. Brillantes.

El diputado omite tocar el punto del estado calamitoso en las que los gobiernos de su partido y el PRI dejaron al estado.

Zafios desmemoriados reclaman por oficio, sin responsabilidad política, sin seriedad y mucho menos autocrítica. Podrían reivindicarse sin dejar de ser oposición, sumando al esfuerzo nacional para mitigar los efectos de lo que se nos viene encima por el apagón económico mundial. No lo hacen por mezquinos o por obtusos. En cualquier caso de lo que se duelen es de tener que dejar de robar.

Reclaman que no se han resuelto los grandes rezagos. Piedad, que alguien les despabile y les ilustre un poco sobre lo que pasa en el planeta.

Deliberadamente desmemoriados, los panistas hablan de delincuencia desbordada y autoritarismo. Pero eso no es por la acción o inacción del gobierno estatal, es la condición objetiva que priístas y panistas egocéntricos y cleptómanos dejaron como legado.

Es comprensible el desaliento y la inquietud de los neoliberales conservadores, no sólo perdieron una mina de oro, sino que cada vez ven más cercanos los barrotes de una prisión.