Política

Lo vital no son los destrozos, es la justicia

junio 10, 2020

Los ciudadanos afectados por los destrozos y estropeos al equipamiento urbano y a la propiedad privada durante las protestas de hace un par de días reclaman al gobierno por no hacer nada cuando se cometían los hechos. En efecto el gobierno no intervino. Hizo bien. El motivo de la protesta, dicen, era el fallecimiento de un obrero de la construcción muerto en Guadalajara por la golpiza propinada por policías; puede ser, sí, pero sobre todo fue por la muerte de Carlos Andrés Navarro sucedida el 2 de mayo, hace más de un mes, en el Cuartel de San José, en la capital del estado, sobre la que las autoridades han hecho nada.

Parte de la sociedad condena la violencia, cosa que está muy bien, y sataniza los manifestantes, lo que puede discutirse.

La violencia de los jóvenes protestantes de la que se duele parte de la sociedad apenas puede considerarse violencia si nos atenemos a la reciente historia de vejaciones asesinatos, y atentados contra el bienestar y la salud mental del respetable. Más de tres décadas de pérdidas de bienestar y capacidad de proveeduría para la familia de los trabajadores; y más de una década de violencia estúpida desatada por un presidente sociópata, y continuada por un presidente de ignorancia supina y frívolo, por no mencionar la avaricia corrupta de ambos.

Ésos jóvenes a los que se condena no conocen otra cosa que las estrechez económica, la violencia aplicada estúpidamente por el Estado y la indefensión frente a los poderes fácticos. Lo menos que pueden es estar enojados contra todo lo que representa lo que los jode y en esta sociedad el delito de juventud con demasiada frecuencia se persigue de oficio. Así que razones sobran.

Hizo bien el gobierno en no usar la fuerza pública para dispersarlos porque muy fácilmente las cosas escalarían hasta la franca represión.

Ahora, sí hubo provocadores, cosa que siempre es posible, es irrelevante. Lo importante es que hace un mes murió un joven dentro de las instalaciones policiacas, se dijo que por un infarto y el cuerpo fue entregado a sus familiares con señales de haber sido golpeado.

Es imperativo resolver el caso satisfactoriamente para la familia y para la sociedad independientemente de si hubo una intención desestabilizadora o no. Y que las hay, sin la menor duda. Basta con ver la batería cacofónica de los medios de comunicación y de actores empresariales que simplemente son incapaces de procesar a López Obrador.