Política

El paraíso de los locos. Memoria s de una libertaria (XII,XIII y XIV)

junio 08, 2020

XII

COMUNISTA A LA MEXICANA

El pueblo al que tanto serví, me ha olvidado.

Herón Proal en entrevista con Ricardo Rubín

Presiento que es el último recorte que pego en mi libreta salvadora de la memoria. Con especial cariño guardo los recortes del diario El Dictamen, me mantienen unida a mi pasado. Me gusta coleccionar las caricaturas del "Tío Barbas" del uruguayo Fola, pero hoy me concentro es el recorte que me entregó María López, es del día 30 de enero de 1959, la esquela de Herón Proal.

Lo desdoblo con delicadeza, trato de acomodarlo lo mejor que puedo en la penúltima hoja en blanco de la libreta. No cabe duda, para mí ese hombre es de los que no caben en la muerte. Recuerdo muy bien, fue hace dos años, en mi visita relámpago por la ciudad, me las ingenié para poder saludarlo.

Con la ayuda del Consulado Cubano me hice pasar como una reportera para evadir las "orejas" del Gobierno, que todavía lo mantenían vigilado, a pesar de que para esas fechas Proal ya no era un hombre de peligro.

Aunque tenía mucho miedo de mirarle a su único ojo bueno y que me reconociera, lo que causó estragos en mí fue ver lo que el tiempo nos hace sin piedad. Herón nunca fue hombre de vicios, entregado a la lucha por una ciudad mejor, hombre de acción y comprometido con sus convicciones, estaba sentado en un viejo sillón viendo con su único ojo bueno, pasar el poco tiempo que le quedaba.

-¿Tú no vienes a preguntar nada, verdad? -me dijo, porque ya estaba cansado de los periodistas, curiosos y algunos vivales que proponían continuar la lucha inquilinaria y pensaban que tenía algún dinero guardado.

-No, señor Proal -le contesté-; yo sólo vine a saludarle.

Creo que el exceso de trabajo intelectual también es malo. A sus 76 años mantenía una figura distinguida, con una gran barba blanca que lo hacía parecerse a Venustiano Carranza. En los últimos años se había contratado como velador de la compañía Eureka, la que había realizado los trabajos de construcción del moderno boulevard costero de la ciudad.

Durante los pocos minutos que estuve en su casa la conversación giró en torno a que estaba cansado y que desgraciadamente tenía que vivir de la pensión que le daba el gobierno del Estado y lo que percibía como jubilado de la Compañía Eureka. Era un secreto a voces entre los compañeros de armas que para evitar le quitaran su pensión había renegado públicamente de su filiación comunista.

-Sí soy comunista, pero a la mexicana -le comentó al periodista Ricardo Rubín durante una entrevista.

Dicho acto de "Fe" -que me recordó la anécdota del sabio Copérnico, que me contó el "profeta de la Huaca", pensé que diría: "Y sin embargo se mueve"- le destrozó el corazón, porque sus convicciones estaban hechas polvo, ya no tenía fuerza para hacerlas valer.

-Pobre José Cortés -dijo melancólico-, al que desprecié tanto por acusarlo cuando trabajaba para el Gobierno Federal y no quería perder su trabajo; pobre de mi amigo Olmos, pobre de mí.

Su estado me deprimió demasiado, lloré en silencio junto con él. Cuando maldijo a todos los verdaderos traidores y a los desmemoriados jarochos, que lo tenían en el abandono.

-Mis días de luchador social acabaron como un simple velador –decía-. Esto es una maldición, yo que sobreviví a la cárcel, a las persecuciones políticas, al envenenamiento, al hambre, al frío, todo eso soporté, pero no conté con el olvido.

Su edad, su frustración y desesperación lo hacían decir cosas incongruentes y otras muy ciertas, como que no era comunista de hueso colorado y que, si se le pidió catalogar como eso, sería un comunista a la mexicana, o más bien a la veracruzana, algo que encerraba gran misticismo como alguna vez pensé.

-Yo tuve en mis manos el destino de las masas -gritó-. Pero el pueblo al que tanto serví me ha abandonado.

Su estado anímico se tornó cambiante y su familia me pidió que me retirara. Al salir de la casa de mi ex líder comprendí que de todo aquello que había escuchado había cosas muy ciertas. En aquellos tiempos, todos, en son de broma o desmadre, lo seguimos en su sueño de crear un mundo para todos.

La visita me dejó destrozada y fue el motivo de que yo tomara la decisión que hoy estoy a punto de concretar. El tiempo no tiene piedad y en mentes que aún mantienen un poco de lucidez es una especie de infierno estar pasando por lo que a Proal le tocó vivir. Vuelvo a leer el recorte de mi eterno y amoroso enemigo El Dictamen, Herón Proal Islas, nacido en Hidalgo un 17 de octubre de 1881, muere a las 12:15 del día 30 de enero de 1959. Aparece su fotografía y una breve reseña biográfica acompañada de los datos que le dio al investigador y periodista Ricardo Rubín. Vuelvo a confirmar mi decisión con el recorte del diario, sé lo que debo de hacer conmigo misma.

La inspiración de mi poeta llegó de improviso, recordé a Jordi, el hombre de los extremos, con sus ideales igualitarios y sus comentarios llenos de amargura acerca de la soledad y el abandono. Cualquier hombre sucumbe al abandono, a la soledad, por eso es preciso irse a tiempo, decía, es mejor eso a que la vejez se encargue de burlarse de uno. La soledad, el abandono cava un profundo foso en las almas más grandes.

Esos días fueron de terrible angustia, recordé a mi madre, las anécdotas de Jordi y del "profeta", de los grandes hombres que habían muerto en la soledad y la miseria del olvido, como Antonio López de San Anna, en medio de charcos de diarrea.

Los "jefes" están presionando para que termine con el asunto de "gato", ante la insistencia, debo confirmar las sospechas y preparar mi bastón.

XIII

LA MEDALLA DE CORTÉS

Los vestidos que se ponían eran según el tiempo y usanza.

No se le daba nada de traer muchas sedas y damascos, ni rasos,

sino llanamente y muy pulido; ni tampoco traía cadenas de oro grandes.

Salvo una cadenita de oro de prima hechura y un joyel con la imagen

de nuestra señora la Virgen Santa María.

Bernal Díaz del Castillo, cap. CLXXI

Sábado, 25 de abril de 1959.

Las sospechas están confirmadas. Desde la ventana de mi habitación observo con unos binoculares los portales del Hotel Diligencias. "gato" lee un viejo cuaderno mientras toma una cerveza, seguramente es el diario de San Miguel.

Parecen unos sencillos binoculares para teatro, pero son muy potentes, me los dieron los "jefes". Enfoco un poco más, no me queda duda, tiene en su poder el diario de Jacinto San Miguel.

Tengo que actuar de inmediato. De salir a la luz las memorias de Jacinto la vida de muchos amigos quedaría comprometida, o tal vez nadie lo crea y forme parte de una novela de ficción, pero a los "jefes" les inquieta mucho el tema de la medalla de Cortés y no quieren correr riesgos. Por lo demás, el nombre de prostitutas, homosexuales, políticos corruptos, presidentes traidores y comunistas a la mexicana no le es tan importante.

Me consta que de todo el inventario de reliquias existentes en la Ciudad de Veracruz la que más deseaban los "jefes" era la medalla de Hernán Cortés. Se decía que gracias a esa medalla Cortés se había vuelto invulnerable, salvándolo de los peligros de la batalla, pero sobre todo de las maldiciones de los dioses aztecas.

Prueba del poder de la reliquia fue que, al salir para España, se la entregó a su nuera Ana Ramírez de Arellano, quien a su vez se la dejó a su hijo Pedro Cortés Ramírez de Arellano, quien se la dio a su hermana Juana. Esta última no le dio importancia y dejó guardada la reliquia por años. Sin su medalla, Hernán Cortés fracasó en todas sus diligencias en España, sin ella, Pedro Cortés murió sin descendencia. Así sucesivamente, la medalla fue cambiando de manos dentro de la misma familia Cortés, hasta que apareció en manos de Juana Cortés de Camarilla en 1823, tiempo en que salió de las manos de la familia.

Por cuestiones económicas, Juana Cortés empeño en seis reales la medalla, pasando de anticuario en anticuario, hasta llegar a las manos del señor Alfredo Bablot en 1875. Conocedor de la leyenda, Bablot realizó el viaje a la Ciudad de Xalapa acompañado del escritor Ignacio Manuel Altamirano. La leyenda, muy bien guardada por los grandes maestros, decía que quien poseyera la medalla tendría el poder de gobernar y controlar la nueva España. La medalla era muy simple. Al frente tenía una imagen de la Virgen de los Remedios cargando al niño, pero por la parte posterior contenía una serie de sortilegios muy bien deletreados, palabras y encantos de gran poder para el que la poseyera y los invocara.

La medalla venía con una bolsita de terciopelo verde, bordada en oro y plata, teniendo en la boca bordes de plata maciza con figuras labradas.

Yo llegué a tener conocimiento de la medalla, porque siendo joven acompañaba a la iglesia de la Divina Pastora al "profeta de la Huaca". Después de mi conflicto con "chepalú" me volví más desconfiada, así que no me cuadraba por qué el "profeta" en vez de ir a cualquiera de los templos cercanos, como la Iglesia del Cristo del Buen Viaje, iba hasta la zona norte de la ciudad a rendirle culto a una imagen en la pequeña capilla. El cuadro era el de la Virgen de la Divina Pastora.

Me dio mucho sentimiento que el "profeta" no haya confiado en mí para descubrir aquel enorme secreto, pero el tiempo le daría a la razón, yo fui la que cometí una traición, pues el que me confesó el secreto fue Jacinto San Miguel. Así que no hay secreto que no salga a la luz y gracias a Jacinto me enteré que el "profeta de la Huaca" había conocido a Bablot siendo joven, cuando llegó a Veracruz como secretario de una cantante francesa. Después del triunfo del ejército liberal volvió a ver a Bablot, ya convertido en director del diario El Federalista, y venía acompañado por Ignacio Manuel Altamirano.

Desconozco si ambos eran iniciados en algún rito secreto, pero Jacinto me dijo que ellos se habían comprometido a cuidar de la medalla, para que no cayera en manos de Maximiliano, que ya la andaba buscando.

El "profeta" sabía que el éxito de Bablot como Director del Diario, y posteriormente primer director de origen extranjero del Conservatorio Nacional de Música, se debió a que le regaló la medalla a Porfirio Díaz, y este mantuvo en secreto su posesión hasta su salida de Veracruz. Un día antes de su partida se le dio a guardar al Gobernador Dehesa, quien le pidió al cura de la capilla de la Divina Pastora que la guardara, y éste lo hizo dentro del marco de la imagen de la misma.

De acuerdo al "Profeta", cuando salió publicado el hallazgo para justificar Bablot su posesión, había dicho que se la había vendido una señora de apellido Molina en la ciudad de Xalapa, y que esta medalla ya tenía una leyenda de haber sido empeñada en 1823 por seis reales.

El guardián de aquella reliquia, que era el "profeta", vio amenazada su encomienda cuando en 1870, durante las excavaciones para fundar la moderna biblioteca, fue descubierta la tumba de Doña Ángela Cortés y Arellano, a la sazón bisnieta del conquistador, pero por línea bastarda. Al parecer hija de Pedro Cortés y de una nativa del puerto.

La medalla estaba guardada en una caja del tiempo dentro de la tumba, el "Profeta", para no dar sospechas, se ofreció como albañil en la obra.

Durante esos cinco años, la medalla estuvo escondida en los túneles de las entrañas de la ciudad. Mientras el "Profeta" esperaba una señal, que llegó con Bablot en su visita a Veracruz, y ante la amistad que había empezado años antes, y por los conocimientos que ambos poseían - pues Bablot disfrazaba sus actividades de investigador y periodista con las de iniciados en las artes mágicas- recibió la medalla.

Desafortunadamente, la codicia llenó el espíritu de Bablot y cambió la medalla por algunos favores políticos del régimen de Díaz.

De acuerdo a la versión de Jacinto, cuando Porfirio Díaz salió del país se la entregó a Teodoro Dehesa, quien a su vez le encargó al "profeta de la Huaca" que le encontrara un sitio seguro, siendo uno de los marcos del cuadro de la imagen de la Divina Pastora, en la capilla del mismo nombre, el lugar que albergó dicha pieza.

En sus constantes recorridos por las entrañas de la ciudad, Jacinto San Miguel se enteró de tal acontecimiento y sin que lo supiera el "profeta de la Huaca" se volvió también poseedor de tal secreto. ¡Claro!, hasta que me lo comentó y yo, por querer quedar bien y pensando que era una leyenda sin importancia, cometí la indiscreción de contarle todo a Keaton.

A los pocos días de habérselo comentado a Keaton la imagen de la Divina Pastora y sus secretos desparecieron de la capilla, nadie quiso hacer preguntas innecesarias para no enojar a los invasores. Pero antes de morir, Keaton me confesó que la medalla estaba a resguardo del Pentágono, dentro de un programa secreto de investigaciones paranormales ultra secretas.

Sin embargo, se suponía que después de la muerte de Bablot, en 1902, se desconocía el paradero de la reliquia y había pasado al olvido, hasta que llegó a oídos de los "jefes" las indagaciones de Diego Reyes, alias "gato", cuando decidieron enviarme para deshacerme del inquieto curioso.

En mi última visita a la ciudad pensé que no volvería. Pero bien, los "jefes" son miembros de un grupo muy poderoso, del que una vez adentro es imposible salirse por cuenta propia. Cuentan con recursos ilimitados y una red de espías a sueldo, soplones y asesinos en todo el mundo, por lo que la noticia no podía pasar desapercibida en la Babel tropical. En esta Casa Blanca del Golfo de México, donde confluyen lo tangible y lo intangible, cuna de la tercera raíz y, diría yo, que también de la cuarta, que es la que predomina, la cuarta mezcla de las distintas razas por motivo de la sensualidad que provocamos las mujeres jarochas en constante rebelión.

Bien, guardo los binoculares y preparo mi bastón, cuidando que todo esté en orden; el encuentro debe ser breve, sin incidentes aparatosos, todo será como un leve encuentro, en donde una vieja torpe se encuentra de repente con un joven al que minutos después le dará un infarto.

Son casi las cuatro de la tarde, los empleados municipales van de salida, observo a mi alrededor los portales de la ciudad de Veracruz, magníficos, muro de contención y punto de encuentro de la locura de los jarochos. Aún lucen medio dormidos, pues falta una hora para que la fiesta comience. Observo a lo lejos al "gato" sigue absorto en el cuaderno. Le pido a Valentina que cubra la cuenta de la estancia del Hotel Imperial y que espere en el auto porque tengo que despedirme de alguien.

Mi joven amigo el betunero sonríe, está en su posición; sonrío, paso la calle.

XIV

AL FINAL

Vámonos ardiente profeta de la aurora, por recónditos

senderos inalámbricos a liberar el verde caimán que tanto amas.

Ernesto Guevara de la Serna (Che)

Viernes, 24 de abril de 1959.

No sopla un mínimo de brisa pero se escucha el rumor de las olas bañando la playa. Son playas poco conocidas, con algunas chozas de pescadores, le llaman Punta Gorda y están al norte de la ciudad.

Son mis últimas anotaciones mientras espero noticias sobre el suceso de los Portales; cuido que lo que cocino en el rudimentario anafre no se me queme.

La cabaña es de un borracho parecido a la "cotorra" que por veinte pesos no hace preguntas de lo que hago.

Desde una apertura, que hace las veces de ventana, puedo ver a los pescadores jalando sus redes. Parece que se avecina mal tiempo, por eso la quietud del ambiente.

A un lado, una docena de zopilotes deambulan por entre las redes en espera de comer algo podrido. Cerca de ahí, en lo alto de una palmera se posa un zopilote. Ha de ser el rey, ¿por qué está sólo?, los poderosos siempre están solos.

¿Por qué Veracruz no tiene un zopilote en su escudo? -me pregunto-. Chile tiene un cóndor en el suyo y se parecen. Había tantos de estos animales cuando era pequeña, recuerdo que Domitila hacía un caldo de zopilote, que curaba los resfriados de inmediato. Me viene a la mente el recuerdo de aquellas bandadas de zopilotes que formaban como un negro torbellino. Volando en círculos parecían hojas muertas que arrastraba el viento. Dando vueltas en una especie de danza macabra. Eran cientos y cientos, lo recuerdo cuando algún animal o humano quedaba en la dunas. Señal de la muerte, la del torbellino negro.

Eso dicen que parecían los zopilotes, los pocos testigos que presenciaron nuestro peregrinaje a los Pocitos, en la marcha del primero de mayo de 1922, cuando fuimos por nuestro pedazo de paraíso.

Un ruido diferente se escucha, es el del automóvil que trae al joven betunero muy sonriente. El borracho dueño de la cabaña no se percata de nada, está tirado en su catre, durmiendo la mona. El joven betunero pasa, mientras mi chofer se queda en la puerta haciendo guardia, no hay necesidad que me diga sobre el paradero de Valentina, por su seriedad entiendo que también cumplió con su trabajo.

-Ya quedó jefa -me dice el joven-; pasé a la Cruz Roja y lo dieron por muerto.

-¿Seguro?

-¡Todito!, jefa, y aquí están los cuadernos.

-Bien.

Tomo los dos cuadernos, el de Jacinto San Miguel y las anotaciones de "gato" y los arrojo al anafre; las llamas envuelven como serpientes las hojas para no dejar rastro de nada.

Pobre "gato", tanto trabajo para nada. Y pensar que fue tan fácil, un usted disculpe y un pequeño golpe de la punta de mi bastón en su pierna, para introducirle un balín microscópico con veneno.

Me retiré del portal del Hotel Diligencias con rapidez, mientras el betunero se quedaba para ayudar, cuando a "gato" le dio el ataque fulminante y en esa "ayudada" se hizo de los cuadernos.

Después, todo es mecánico y muy bien planeado. Valentina se desaparece con mis alhajas, yo lo denuncio, después mi auto se accidenta y muero calcinada. Para eso necesitamos otro voluntario, que será el chofer, y como mi camarada es cortesía de los amigos del consulado cubano, que me deben unos favores, tendré que apoyarme en el joven betunero.

Le doy la espalda al betunero para terminar con mi "menjurje". Cuando el camarada entiende que ya tenemos todo bajo control, se mete a la cabaña y sin mucha complicación le tuerce el cuello al muchacho.

-¡Crack!

No me gusta perder de vista mi trabajo, así que no me entero cuando sube el cuerpo del muchacho al auto, el camarada regresa para decirme que el camarada Valdez me manda saludos y que queda a mis órdenes, se retira. El ruido del motor del auto se aleja; lástima, voy a extrañar el color azul del Bel Air, era un auto muy cómodo.

Los cubanos son gente de fiar, cuando se trata de trabajos serios, claro, después viene la fiesta. Pero, qué puede ser más parecido a la isla que la Ciudad de Veracruz. Veracruz y La Habana son ciudades hermanas, de hecho sus montañas son parecidas a las nuestras y si no que lo digan los compañero que se entrenaron en la Huasteca. Ya lo dijo Alfonso Reyes en su poema Golfo de México.

No es Cuba, donde el mar disuelve el alma.

no es Cuba -que nunca vio Gaugin,

que nunca vio Picasso-,

donde negros vestidos de amarillo y de guinda

rondan el malecón, entre dos luces,

y los ojos vencidos

no disimulan ya los pensamientos.

De siempre conozco a los cubanos, por algo conviví con los negros "peregrino", con Toña, mi amiguito Miguelito Sotolongo y hasta con el loco de Mundaya. Mi última aventura con los cubanos fue en el 56, cuando me inyecté sangre joven con aquel doctorcito que quería componer el mundo, ese argentino de olor frenético y accesos de asma, que nadie daba un clavo por él.

Recuerdo que Fidel quedó cautivado con el Che por su retórica, por la seriedad de su compromiso, y claro que no hablo mal del gigantón, pero con aquel verso que escuché en la montaña que le compuso:

"Vámonos ardiente profeta de la aurora, a liberar el verde caimán que tanto amas", o algo así.

Castro es otro de los que considero animal político, que la transpira como si fuera su esencia.

No quiero mentir, yo también me emocioné con el doctorcito gaucho porque tenía algo de Jordi en su forma de ser. Hasta su olor, porque ambos eran enemigos del baño, del aseo, pero por lo demás eran hombres de fuego, sus poemas, la manera de recitar a los demás, de ahí aprendí a conocer más de los poetas latinoamericanos, Nicolás Guillén: "Mi geografía llena de oscuros montes y de hondos y amargos valles".

Los dados siguen su rumbo, no hay un número aún, nadie ha ganado ni perdido,

El viento empieza a soplar, la noche se acerca y ya tengo casi todo listo. De la señora Keaton no queda ni el bastón -también se ha quedado en el auto.

Traigo ya la ropa que he conseguido para despedirme de Manuela Barrios, alias la "picolina", conocida en la agencia como MB, reconocida como una mujer con talento, asesina, ex prostituta, espía, pero sobre todo mujer.

En un derruido espejo de la cabaña me observo… los delirios del viejo borracho me distraen por un momento, pero luego regreso a lo que tengo que hacer, ya nada debe cambiar, no debo sentir dolor, hoy siento que ya es el final, quiero reunirme con mis amigos.

Tiemblo de repente, tal vez es la vejez, pero te sigo amando, Jordi, te extraño tanto.

Regreso al anafre, está listo, dejo que transcurran algunos minutos, no quiero quemarme la lengua.

Sé que tomando esto perderé la razón, podré andar por todos lados, sin que se note mi presencia, y si los "jefes" me atrapan, que importa, ya no seré yo, mi cuerpo ya no lo sentirá, cuando me quieran hacerme ver su verdad.

La historia finalizada, siempre traeré conmigo este cuaderno, que no sabré que es, pero algún día me atropellara un camión y alguien lo encontrara entre mis cosas, o tal vez no, de todas maneras nadie creerá la historia de una mujer que luchó por amor a sus amigos, por convicciones que al final se dio cuenta que no tenía.

-Bebo un poco de "toloache"-aún está caliente.

Creo que Jordi me habla, me susurra, me trasmite su pinche miedo al olvido, por eso tal vez estoy aquí escribiendo esto que no debería, pero tal vez es por él, por mí, no lo sé, si de verdad Herón estaba loco, o más locos estábamos todos, caminando por aquellos médanos, buscando nuestra tierra prometida, nuestro edén, el paraíso al que teníamos derecho.

Siempre fantaseé con la idea de que en aquella jornada se abrieran las arenas de los médanos, brotara un manantial de Zaraza Vargas y que los zopilotes nos trajeran de comer "michas" para remojarlas.

-¿A quién se le ocurren tantas pinches pendejadas?

-A ti, Manuela, a ti.

Pero en Veracruz, ¿quién está cuerdo?, ¿no es acaso el manicomio con vista al mar? Bien decía mi madre que nunca debieron tirar la muralla, porque ésta contenía la locura en su lugar. Hoy Veracruz exporta su locura, se propaga como una epidemia, como una mancha de langostas. Somos ya muchos locos que hemos sido exportados, pero todos volvemos algún día, a la fuente de origen.

La ignorancia, hermana de la locura, nos hizo felices, éramos felices, no comprendimos el juego de poderes, cómo nos utilizaban los bandos, por eso yo fui feliz, hasta que el velo cayó, fui feliz hasta el día que Jordi murió.

Manuela Barrios, la MB, la "picolina", la que amó con intensidad, la que regresó a Veracruz a morir como tal, pero con un compromiso, que al morir también pariré una nueva aportación, un nuevo elemento que se integre al Paraíso de los Locos.

Bebo lo que resta del "toloache", un trago fuerte, voy confundiendo las ideas, tal vez las fechas no sean las correctas, ni los nombres, ni los hombres, ni nada, bien, tengo un poco de tiempo para el gran final, un poco de líquido por aquí por allá y esta cabaña jamás existió.

Salgo de la cabaña, el aire golpea mi rostro, a lo lejos veo las luces del puerto, empiezo a caminar, dentro de un momento, cuando todo esté oscuro, cuando ya no reconozca ni mis manos, habrá desaparecido "picolina".

Yo andaré por las calles, vagando, pidiendo limosna, viviendo de la caridad, tal vez muera hoy o dentro de algunos años, pero ya no seré yo, me pondrán algún apodo, andaré como el Mariscal, tal vez vendiendo mis minas de diamantes, pero es mejor así, me dejarán en paz los "jefes", estoy segura que seguirán atormentándome, pero ya no seré yo, yo me voy hoy, por el camino fácil, pero ya recorrí el difícil, creo que el padre Caspiano dijo alguna vez que el camino al paraíso es estrecho. ¿Como será el camino al paraíso de los Locos? Hoy lo sabré.

Hace mucho tiempo, cuando era la señora Keaton, escuché a alguien hablar de las prostitutas, que ese era el trabajo más fácil, abrir las piernas, como siempre la falta de sesos en algunas personas. No somos animales, también sentimos, ¡será fácil tener tantos nombres y rostros en la cara!. También nos enamoramos y sufrimos más, porque nos enamoramos más veces y en ocasiones confundimos todo, vivimos en confusión constante, vivimos con el amor en una mano, si existe el infierno, creo que ya no lo viví. Ahora vienen a mi mente varios sentimientos, varios rostros, a quien amé, a Jordi a Keaton, al doctorcito argentino. Amor de primera vez, de última vez, amor en fin, el amor no distingue, la pasión sí.

Yo ya no distingo, creo que no sé qué estoy escribiendo, parece que la hora se acerca.

Herón, mi héroe, el líder de todos y de nadie; Jordi, el amante imperfecto. Keaton, el hombre perfecto, amoroso, pero homosexual; el "profeta", paternal; Jacinto San Miguel, el chismoso; el doctorcito "gaucho" que amaba a otra y no a mí. Todos fueron profetas, todos nos hechizaron y al final pocos lograron concretar el objetivo de crear el lugar ideal para los desamparados.

Bien, ya tiembla mi mano, la oscuridad llega, los recuerdos son vagos, bendito el dolor físico que hace padecer menos los dolores del alma.

El camino, el camino al paraíso de los locos, ahí está, lo sigo, es muy estrecho…

-Soy, soy, ¿qué es todo esto?

FIN

ANEXO

GOLFO DE MÉXICO VERACRUZ

(Alfonso Reyes)

La vecindad del mar queda abolida:

Basta saber que nos guardan las espaldas,

Que hay una ventana inmensa y verde

Por donde echarse a nado.

LA HABANA

No es Cuba, donde el mar disuelve el alma.

No es Cuba -que nunca vio Gaugin,

Que nunca vio Picasso-,

Donde negros vestidos de amarillo y de guinda

Rondan el malecón, entre dos luces,

Y los ojos vencidos

No disimulan ya los pensamientos.

No es Cuba - la que oyó a Stravisnsky

Concertar sones de marimbas y güiros

En el entierro del Papá Montero,

añigo de bastón y canalla rumbero.

No es Cuba -donde el yanqui colonial

Se cura del bochorno sorbiendo "granizados"

De brisa, en las terrazas del reparto;

Donde la policía desinfecta

El aguijón de los mosquitos últimos

Que zumban todavía en español.

No es Cuba - donde el mar se transparenta

Para que no se pierdan los despojos del Maine,

Y un contratista revolucionario

Tiñe de blanco el aire de la tarde,

Abanicando, con sonrisa veterana,

Desde su mecedora, la fragancia

De los cocos y mangos aduaneros.

VERACRUZ

No: aquí la tierra triunfa y manda

-caldo de tiburones a sus pies.

Y entre arrecifes, últimas cumbres de la Atlántica

Las esponjas de algas venenosas

Manchan de bilis verde que se torna violeta

Los lejos donde el mar cuelga del aire.

Basta saber que nos guardan las espaldas:

La ciudad sólo abre hacia la costa

Sus puertas de servicio.

En el aburridero de los muelles,

Los mozos de cordel no son marítimos:

Cargan en la bandeja del sombrero

Un sol de campo adentro:

Hombres color de hombre,

Que el sudor emparienta con el asno

-y el equilibrio jarocho de los bustos,

al peso de las cívicas pistolas.

Herón Proal, con sus manos juntas y ojos bajos,

Siembra clerical cruzada de inquilinos;

Y las bandas de funcionarios en camisa

Sujetan el desborde de sus panzas

Con relumbrantes dentaduras de balas.

Las sombras de los pájaros

Danzan sobre las plazas mal barridas.

Hay aletazos en las torres altas.

El mejor asesino del contorno,

Viejo y altivo, cuenta una proeza.

Y un juchiteco, esclavo manumiso

Del fardo en que descansa,

Busca y recoge con el pie descalzo

El cigarro que el sueño de la siesta

Le roba la boca.

Los Capitanes, como han visto tanto,

Disfrutan, sin hablarse,

Los menjurjes de menta en los portales.

Y todas las tormentas de las Islas Canarias,

Y el Cabo Verde y sus faros de colores,

Y la tinta china del Mar Amarillo,

Y el Rojo entresoñado

Que el profeta judío parte en dos con la vara,

Y el Negro, donde nadan

Carabelas de cráneos de elefantes

Que bombean el Diluvio con la trompa,

Y el Mar de Azufre,

Donde pusieron cabellera, ceja y barba,

Y el de Azogue , que puso dientes de oro

A la tripulación de piratas malayos,

Reviven al olor del alcohol de azúcar,

Y andan de mariposas prisioneras

Bajo el azul "quepí" de tres galones,

Mientras consume nubes de tifones

La pipa de cerezo.

La vecindad del mar queda abolida.

Gañido errante de cobres y cornetas

Pasea en un tranvía.

Basta saber que nos guardan las espaldas.

(Atrás, una ventana inmensa y verde... )

El alcohol del sol pinta de azúcar

Los terrones fundentes de las casas.

(... por donde echarse a nado)

Miel de sudor, parentesco del asno,

Y hombres color de hombre

Conciertan otras leyes,

En medio de las plazas donde vagan

Las sombras de los pájaros.

Y sientes a la altura de las sienes

Los ojos fijos de las viudas de guerra.

Y yo te anuncio el ataque a los volcanes

De la gente que está de espalda al mar:

Cuando los comedores de insectos

Ahuyentan las langostas con los pies

y en el silencio de las capitales

se oír

en venir pisadas de sandalias

y el trueno de las flautas mexicanas.