Política

Entre gente de razón y buenos deseos

junio 05, 2020

La Organización de las Naciones Unidas demostró en un reporte los impactos directos y severos de la degradación ambiental sobre el disfrute de una amplia gama de derechos humanos como el derecho a la vida, a la salud, a la alimentación, al agua y a la cultura.

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, que se conmemora hoy, 5 de junio, el relator especial de la ONU sobre los Derechos Humanos y el Medio Ambiente, David Boyd, urgió a instrumentar acciones para atender las causas de la disrupción climática, la pérdida de biodiversidad, la contaminación tóxica y las enfermedades zoonóticas.

En un comunicado, el relator sostuvo que al menos 70 por ciento de las enfermedades infecciosas están pasando de la vida salvaje a los seres humanos: "Es preciso atender las causas de raíz de estos desastres ambientales interrelacionados y aprovechar esta oportunidad para lograr un futuro seguro justo y sostenible", señaló.

Explicó también que es necesario atender las causas de raíz de los desastres ambientales interrelacionados para lograr un futuro seguro justo y sostenible.

Al entrar en la fase de recuperación de la pandemia de coronavirus, consideró que los Estados deberían implementar leyes y políticas públicas nuevas, así como reformas de las existentes, e inversiones con enfoque de derechos humanos.

"Los planes de recuperación construidos con base en el cumplimiento de los derechos humanos, incluyendo el derecho a un medio ambiente sano, conllevan acciones concretas y políticas públicas dirigidas a lograr un clima estable, acceso a agua potable, aire limpio, agricultura saludable y sostenible, exposición reducida a sustancias tóxicas y ecosistemas y biodiversidad saludables. Terminar con la deforestación, regular rigurosamente el mercado de vida salvaje y monitorear de cerca los lugares donde las personas, la vida salvaje y los animales domésticos se mezclan, ayudará a prevenir futuras pandemias", indicó.

Si los Estados reconocen el derecho al medio ambiente sano como el eje central de las transformaciones, consideró que ayudaría a atender la desigualdad y a asegurar la protección de todos los miembros de la sociedad, con un énfasis particular en las personas en situaciones vulnerables, como las mujeres, niños, niñas, personas que viven en la pobreza, pueblos indígenas y comunidades tradicionales, personas adultas mayores, personas con discapacidades, minorías y personas desplazadas.

"Los Estados deberían aprovechar esta oportunidad única en la vida para transformar las sociedades actuales, injustas e insostenibles, y lograr un mejor mundo para todos y todas. Esto puede ser logrado a través de niveles sin precedentes de inversión para generar una transición justa hacia una economía circular, libre de desperdicio y baja en emisiones de carbono, crear millones de empleos en la restauración del ecosistema, construir infraestructura de salud, agua y saneamiento, crear programas fuertes y resilientes de protección social, y mejorar el acceso a la educación y las oportunidades económicas para niñas y mujeres", añadió Boyd.

El relator concluyó señalando que los billones de dólares que están siendo invertidos en la recuperación económica post-pandemia podrían dinamizar los esfuerzos para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para 2030, que, de ser cumplidos, constituirían uno de los grandes logros de la historia humana.