Política

La reacción visceral y sus miopías

junio 04, 2020

En tiempos de distanciamiento –ahora
de aislamiento– social la vida para algunos transcurre con mucho tiempo para pensar, para observar. También para juzgar.

Resulta que el planeta atraviesa por una pandemia universal que lo ha paralizado con diversas intensidades. Lo menos que se puede decir es que lo ha ralentizado de forma casi traumática.

No son pocas las hipótesis que se aventuran para tratar de explicar los acontecimientos. Desde la racional, de la quiebra por la burbuja especulativa del sistema financierista neoliberal (cosa que ya pasó hace casi cien años, noventa y uno para ser precisos), hasta las fantásticas, en muy diversas versiones; toda una gama.

Cualquiera de las opciones que cuadre con nuestra personal forma de ver y entender las cosas que están pasando, lo que no está a discusión es que algo está pasando y que es de proporciones considerables, por decir lo menos.

Son los tiempos en que lo que era impensable está pasando. No sólo por lo que parece ser la caída de un modelo de economía, sino por el arribo de gobernantes claramente antisistémicos desde orientaciones ideológicas completamente distintas, excluyentes, pero sustentadas por la conexión con su base social y con un sentido básicamente antifinancierista. Donald Trump, que es un fascista (basta ver lo que pasa está pasando justo ahora en Estados Unidos con los levantamientos y airadas protestas antirraciales en en todos los estados, incluyendo a Hawáii y Alaska.

Mientras que México es gobernado también por un presidente antisistémico antineoliberal, pero desde una óptica y con un propósito completamente distintos, el del retorno al Estado de bienestar. Esto es, un modelo de Estado que se ocupe de garantizar el bienestar de todos los gobernados; o si eso no fuera posible, como suele serlo, ser factor de equilibrio y compensación en la distribución de la renta nacional. Lo ha hecho sin pedir dinero prestado de primera instancia, cosa impensada en la visión neoliberal, y cobrando los impuestos no pagados por los grandes conglomerados nacionales e internacionales. Wal-Mart, por ejemplo.

Habiendo cambiado por completo la relación con los medios de comunicación, éstos dependen de sus anunciantes y sus anunciantes en buena medida son los que se han visto afectados por el cobro de miles de millones de pesos en impuestos. Eso explica el comportamiento de linchamiento de muchos medios electrónicos sometidos a la presión de sus anunciantes afectados por las políticas fiscales del gobierno. Medios que renuncian a los principios periodísticos de la objetividad.

Pero sucede que esos intereses son, igualmente en buena medida, los mismos que pusieron al país en la situación de quebranto en la que está después de décadas de apenas pagar impuestos, con esquemas impositivos que favorecían y hasta alentaban la evasión. Esto ha molestado a muchos intereses corporativos nacionales que son los clientes de los medios informativos en compra de espacios de publicidad. De ahí, la edición del video donde el presidente habla del control que Lucas Alamán decía tener cuando trataba de convencer a López de Santa Anna de regresar a gobernar a México pese a que perdió la guerra de 1847 contra Estados Unidos (y con ello más de la mitad del territorio nacional), y que hace parecer que el presidente dice que controla a la prensa.

Quienes eso hacen, el estamento conservador y una parte de los desencantados con el gobierno, trabajan en contra en el peor momento para hacerlo, justo cuando el mundo es un desgarriate mayúsculo, las incertidumbres son totales y el futuro es impredecible. Es deseable que los tomadores de decisiones tengan la serenidad y temple necesarios para sortear esto que pasa sin mayores daños para los gobernados.

Tratar de boicotearlo en esta coyuntura es suicida.