Política

Derechas

junio 02, 2020

Con tiento y forma diferenciada, el planeta empieza a desescalar la temporada de confinamiento y aislamiento social. Aún están por verse las consecuencias económicas en un planeta globalizado. Hay razones para pensar que la crisis de hace casi un siglo y que condujo a la Segunda Guerra Mundial era apenas un remedo de la que se le viene encima al planeta.

Entre deshielos espectaculares en la Antártida, islas de plástico en los cinco océanos, deforestaciones masivas en la Amazonia, pandemias universales de mortalidad casi selectiva y con no pocos gobiernos inquietantemente cretinos, la Humanidad tiene de frente un gigantesco signo de interrogación sobre su futuro. Por lo pronto, se habla ahora de la "nueva normalidad", cualquier cosa que eso implique. A una Humanidad educada por décadas en el individualismo consumista y competitivo, en el hedonismo privilegiado que desprecia al que tiene menos e invisibiliza al que nada tiene, le tocará lidiar con una crisis sistémica para la que no está preparada. Es en tiempos así, de incertidumbres mayores, que las sociedades se polarizan.

Estados Unidos gobernado por el conservadurismo extremista cercano al fascismo. Mike Pompeo, secretario de Estado norteamericano de la derecha radical evangelista. Fatal combinación que empieza a insinuarse con el escalamiento de a poco, sin prisa pero sin pausa, con China por el tema Coronavirus. La semana pasada el presidente Trump dijo que su país acabará con el trato preferencial que dispensa a Hong Kong. Los resortes del mundo habitual empiezan a saltar por varios lugares. La incertidumbre radicaliza a la canalla y ésta se expresa en las calles en varias ciudades del mundo.

La semana pasada en España, los habitantes del privilegiado barrio de Salamanca, en Madrid, salieron a protestar por las medidas tomadas para controlar la pandemia en ese país. Lo hicieron desde sus autos y tocando el claxon. Igual que los privilegiados conservadores que este fin de semana sonaban las bocinas de sus autos para pedir que el Presidente renunciara, se fuera. Así nomás, sin ninguna propuesta de gobierno ni de gobernantes. En pleno uso del cretinismo sin inhibiciones.

Sucede que éstos son tiempos de inflexión, las cosas están cambiando y hay dos concepciones y modos de gobernar confrontados. Por un lado el conservadurismo que histérico reacciona contra lo que no entiende. El asunto no es de izquierda o derechas, sino de la reconstrucción de un Estado fuerte que pueda garantizar y distribuir con sabiduría el ingreso nacional.

Pero el conservadurismo ideologizado entiende poco, si acaso. No entiende lo que está pasando en cuanto a la reconstrucción del Estado de bienestar. Banales y motorizados salieron por las ciudades del país a sonar sus cláxones para repudiar al gobierno. Los repudiados en todos lados fueron ellos.

Mientras, el Presidente norteamericano busca endilgar la responsabilidad del desastre en el que metió a su país a cualquiera menos a él. Un derecha simpatizante de autoritarismos nefandos ha polarizado desde hace casi cuatro años a Estados Unidos y eso ha exacerbado institucionalmente. El asesinato de George Floyd a manos de la policía ha llevado la protesta a las calles de varias ciudades norteamericanas con violencia, y es probable que la oleada apenas empiece. Lo que hace aún más imprevisible al presidente Trump. No poca cosa si nos atenemos al personaje.

El mundo se polariza y es peligroso, pero las cartas están todas sobre la mesa y a vistas, seguir con el modelo de los últimos 40 años es, para la mayoría de la población del planeta y del país, suicida.