Aire fresco
mayo 28, 2020 |

Hace un par de semanas, en medio de la distopia universal en la que la estupidez neoliberal metió al planeta –las mismas razones que en la crisis 1929-33: la generación de dinero ficticio sin respaldo en un referente tangible (producción de bienes de uso o el oro)–, surge por iniciativa de referentes anti sistémicos como Noam Chomsky y Bernard Sanders, la Internacional Progresista, un cuerpo organizado de pensadores críticos opuestos a la lógica depredadora que conduce hoy al mundo hacia una catástrofe económica fuera de toda proporción. Los escenarios probables en puerta abruman por disfuncionales. Miles de empresas quebradas o en crisis mayúsculas, miles de desempleados repentinos, una emergencia sanitaria que muy probablemente permanezca a largo plazo. Vamos, que George Orwell pasará como autor a la sección de novelas costumbristas. El destino nos alcanzó, dirían los pesimistas, empecinados en el realismo.

Y en espera de que empiece a desescalar el encierro diverso en el que nos encontramos; con el sistema neoliberal despedorrado pero en ánimo de reconstruirse pronto para volver a la normalidad –cuando no es posible porque lo que estaba mal era precisamente la normalidad– surge una organización que evoca tiempos más inocentes: La Internacional Progresista a la que avalan con su pertenencia personajes como Noam Chomsky, Naomi Klein, Yanis Varoufakis y Fernando Haddad entre otros varios, con la idea de fomentar la unión, coordinación y movilización de activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad. Una bocanada de aire fresco para una Humanidad acogotada como mineros accidentados al fondo de una mina.

Afortunada iniciativa frente a la oleada de gobiernos y movimientos conservadores extremistas que cunden en estos tiempos por Europa. Dicen que la crisis sanitaria provocada por el nuevo coronavirus y la subsiguiente crisis económica hacen obligatorio que las fuerzas progresistas del mundo se unan para defender y sostener un Estado de bienestar, los derechos laborales y la cooperación entre países, además de consolidar un mundo más democrático, igualitario, ecologista, pacífico y en el que prime la economía colaborativa.

Por fin, gente de razón.

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