Política

Pensar desde hoy

mayo 27, 2020

◗ Zombie: esclavo del smartphone

El origen del zombie en el cine es poco conocido pues el término nos remite de inmediato a una plaga de origen biológico, con un trasfondo científico y una viralización incontrolable que pone a los protagonistas de la historia a huir sin mucho espacio para errores. En algunos casos el zombie ni siquiera es un muerto reanimado, sino un paciente que al ser infectado con algún agente biológico ha perdido la mínima racionalidad para considerarle humano, es un monstruo antropomorfo que busca destruir, aniquilar, alimentarse o simplemente violentar lo que se le ponga en frente.

Sin embargo, el zombie original, por así decirlo, nos remite a la película White Zombie de 1932, con Bela Lugosi como el brujo. La película bebe a su vez del libro de Seabrook La Isla Mágica (The magic Island) que relata las experiencias del autor en Haití. El filme nos retrata un tipo de zombie con muy pocas apariciones en el cine y medios actuales, el cual tiene su origen en la magia y su finalidad no es ser una plaga sino un esclavo que sirve a un antagonista principal, del cual un ejemplo más actual es Barbanegra en Piratas del Caribe: navegando aguas misteriosas, cuya tripulación se conforma por zombies que mantiene cautivos y lo siguen sin cuestionar.

El zombie además se ha vuelto un concepto recurrente en discusiones, foros y espacios biopolíticos, pues algo que parece humano pero ya no lo es y que pone en riesgo a los que sí lo son, y además, exige una respuesta institucional para su contención ofrece una riqueza metafórica para hablar de problemas políticos cuya dinámica y naturaleza viral necesitan este tipo de recursos para explicarse. Sin embargo la mayoría de los análisis que recurren al zombie se centran en el aspecto biológico o en lo no-humano, enviando al olvido el concepto original del zombie, el cual como hemos dicho, es mágico y sirve a otros fines.

El zombie es básicamente un esclavo. Una persona que se ha dado por muerta, y ha sido reanimada posteriormente por un hechicero con la finalidad de hacerse de sirvientes sin voluntad, pero que conservan su racionalidad, o al menos la suficiente para llevar a cabo las tareas encomendadas. De eso se trata White Zombie. Lo interesante del zombie en este sentido mágico, es que no deja de ser propiamente humano. No es este monstruo antropomórfico que requiere ser exterminado, sino que es una víctima de un hechizo que le ha quitado su voluntad.

El zombie en este sentido no puede negarse a los designios de su amo y tendrá que actuar aún si va en contra de todo lo que cree, piensa o quiere. Aquí la riqueza oculta en términos biopolíticos, pues pareciera que los zombies están más cerca de lo que pensamos. Basta con ver cómo muchos pierden su voluntad en presencia de su smartphone. Algunos tal vez quisieran deshacerse de sus dispositivos móviles e irse al campo pero simplemente no pueden. Otros no pueden resistir la luz parpadeante que les ordena revisar el móvil por si alguna notificación requiere una respuesta urgente, que generalmente se reduce a un emoji, gif o reacción. No pueden despegar los ojos de la pantalla y, más que una adicción, parecería la zombificación mágica que estaba en las primeras películas de terror, sólo que ahora el amo es el smartphone, y la sociedad, la magia que le da poder.

En este contexto cabe hacernos algunas preguntas: ¿tener o no voluntad es parte de lo que conforma una persona? ¿tener o no un smartphone debería limitarnos socialmente? ¿ser activos en redes sociales realmente afecta nuestra vida política, social, económica, laboral o familiar? Si el dispositivo móvil no está físicamente inserto en nuestro cuerpo, ¿es o no parte de nosotros? ¿Es posible funcionar plenamente como ciudadano en sociedades como la nuestra sin un smartphone? Basta con querer quedar con amigos a cenar o tratar de enterarse de las tareas del colegio de los niños para ver por qué preguntarnos estas cosas. En ambos ejemplos muchas veces quedan excluidos los que no cuentan con un smartphone. Además no es lo mismo tener 30 años de edad al preguntarlo que 50 o 70.

Volviendo al punto, lo que define al zombie original y lo separa de la población normal es la voluntad, no su conciencia. El zombie en este sentido conserva su mente, pensamientos y emociones, y es precisamente es esto parte de su tortura, ya que se sabe atrapado pero no tiene la voluntad de ignorar las órdenes de su amo. En el caso del teléfono, no sólo se trata de saber usar un smartphone, sino de hacerlo cuando queremos y porque realmente queremos. ¿nos sabemos atrapados por el smartphone?¿Usamos los dispositivos móviles o ellos nos usan a nosotros? ¿Miramos el móvil porque queremos o porque la lucecita nos dijo que lo hiciéramos?