Política

Hacia el final, pero aún no

mayo 26, 2020

Si hay algo que excita al miedo es la incertidumbre, y si hay algo que reduce las certezas a su expresión mínima, es la posibilidad de enfermar de algo para lo que no existe cura, excepto la evolución natural de la enfermedad.

Pero los miedos se agudizan de forma discontinua, dependen mucho de la naturaleza y las motivaciones de la población que pasa por una circunstancia de miedo específica.

En el estado ha habido varias muestras de miedo victimizante, ese miedo que la emprende a ciegas contra los símbolos de lo que se considera peligro, el uniforme de las enfermeras y del personal de salud que es agredido en las calles es ejemplo de eso.

El estado no llega aún al punto de inflexión en que la curva de contagios empiece a descender, por el contrario, vamos en ascenso. Es la razón por la que las autoridades federales extendieran el periodo de distanciamiento social y confinamiento en casa hasta junio.

Las repercusiones de ello serán inevitables pero la idea es conservar la vida para poder resolver el problema porque muertos hay nada que pueda resolverse. Y esto aplica al caso, aunque la mortalidad relativa del Covid-19 sea más bien baja. La edición de ayer de La Jornada Veracruz daba cuenta de que el vocero de la arquidiócesis de Orizaba afirma que en la zona se incrementan los casos de violencia, por lo que las líneas de atención para esta problemática se deben activar, a la vez que es necesario promover acciones para prevenir que la violencia afecte a niños, mujeres o a sectores vulnerables, como a las personas de la tercera edad.

Tiene razón el vocero clerical, el estrés en cualquier situación de confinamiento en sitios pequeños y con varias personas puede desatar cuadros irracionales de violencia entre los miembros de una familia. Habría que ver las fuentes por las que el clero tiene la impresión de que la violencia ha aumentado, es probable que derive de lo que se enteran en confesión, si es así, sería útil que lo tuvieran de alguna forma sistematizado para tener una lectura más precisa.

Lo que sí puede hacer el clero y de forma realmente útil para los fieles y no fieles del catolicismo es, precisamente, la promoción de los valores sociales de colaboración, solidaridad y compasión. El clero, por su naturaleza, puede ser un activo muy positivo en la construcción de una sociedad de valores solidarios, comunitarios y alejados del individualismo ad nauseam que los gobiernos mexicanos de los últimos 40 años se empecinaron en imponer causando el desgarriate en el que se encuentra el país.

Y, con todo, es de destacar que en México las medidas de la emergencia sanitaria no son impuestas por la fuerza sino por el razonamiento y en libertad. Basta dar una oteada a lo que sucede en Chile para justipreciar las diferencias.