¿Contra la alternativa de las alternas?
mayo 25, 2020 | Adalberto Tejeda-Martínez

Poco se puede agregar contra el Acuerdo del Gobierno federal que echa a tierra –o les echa tierra- a las fuentes alternas de energía, sobre todo después del artículo del diputado Muñoz Ledo (El Universal, 23/05/2020) y los argumentos del doctor Mario Molina*, pero caben un comentario y dos anécdotas.

Si en efecto algunas empresas productoras de energía solar o eólica no son justas con los propietarios de los terrenos donde asentaron sus generadores, o en sexenios pasados lograron contratos más que ventajosos en detrimento de la Comisión Federal de Electricidad o del erario, hay que ajustar contratos y permisos, pero no anular la generación intensiva de energía limpia –o no tan sucia- a costa de privilegiar el combustóleo o revivir el carbón; no sólo porque hacerlo va contra el medioambiente, los acuerdos internacionales y la salud, sino porque a mediano plazo es suicida: los potenciales solar y eólico de México son muy superiores al petrolero.

A finales de 1981 hubo una reunión en la Ciudad de México sobre energía y meteorología, propiciada por la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Organización Meteorológica Mundial. El Gobierno de López Portillo estaba mareado por la riqueza petrolera nacional. El representante de PEMEX en la reunión cerró la primera mesa de trabajo con la bienvenida a los congregados, nacionales y extranjeros, y de sopetón declaró que a México no le interesaban más fuentes de energía que el petróleo, y punto.

López Portillo había fundado la dirección de Aguas Salinas y Energía Solar. Puso al frente al dentista de doña Coquita, su madre, no se sabe si por amiguismo o para recalcar su desdén a la energía solar. Casi a finales del sexenio inauguró en Tecamachalco, Estado de México, la Exposolar 82. La ceremonia matutina fue breve; el Presidente se detuvo a ver funcionar el digestor de biomasa, la televisión de fotoceldas y los calentadores solares de agua. Por la tarde, unos empleados desenterraron el tanque de gas butano que le proporcionó la flama al digestor, la batería de coche que alimentó el televisor, y las mangueras con agua caliente tomada del baño que no permitieron que fallara el calentador solar.

Los anteriores son ejemplos de soberbia y simulación de un Gobierno petrolizado, pero hoy es inexplicable el rechazo gubernamental reiterado a las fuentes alternas. Desde el inicio del sexenio la puerta de la Secretaría de Energía se cerró a científicos europeos que han estado colaborando con grupos mexicanos en investigación solar y eólica; hace unas semanas el Presidente frunció el ceño y soltó palabras despectivas cuando vio unos aerogeneradores en La Rumorosa, Baja California, y ahora aparece el famoso Acuerdo. Lo más lamentable es que el desprecio mostrado por la administración de López Portillo encuentre eco en el actual Gobierno cuarenta años después.

*https://www.youtube.com/watch?v=x5kOyiz6qL8

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