Política

Nado sincronizado

mayo 10, 2020

Sistemáticamente, y buscando cualquier orientación negativa a la labor del gobierno federal, los grupos de oposición económica, mediática y política que fueron desplazados tras la llegada de López Obrador a la Presidencia de la República oscilan en sus tópicos de crítica negativa, que van desde la depreciación del peso frente al dólar, la caída del precio internacional del petróleo, el establecimiento de un Estado solidario que invierte no en el rescate de grandes capitales sino en paliar la gigantesca desigualdad social, a los supuestos errores en la contención y control de la pandemia.

Dejan descansar unos días al propio Presidente para ir en busca de otros funcionarios que se hallan en la primera línea de responsabilidades públicas. Así, suponen que el contrataque adquiere "verosimilitud", en tanto de manea temporal se diluye el odio y menosprecio que sienten por el tabasqueño.

Ya en días anteriores, el calderonismo aliado con sectores afines al salinismo peñista comenzó una persistente labor encaminada a generar un sentimiento de desconfianza en la estrategia que encabeza el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell. Ex secretarios de Salud de los gobiernos anteriores, los responsables de la falta de inversión pública en infraestructura y tibios observadores de la corrupción y los acuerdos oscuros con las poderosísimas farmacéuticas, a quienes entregaban anualmente multimillonarios contratos para la adquisición de medicamentos, han salido en distintos foros a buscar debatir con el vocero de la SS.

De la mano con consorcios mediáticos y periodistas consentidos por los anteriores regímenes, el contrataque alcanzó un pico cuando antier, de manera simultánea, cuatro diarios de la prensa internacional coincidieron en asegurar que López-Gatell oculta información y proporciona datos imprecisos y falsos en la cifras de decesos y casos positivos de Covid-19.

Naturalmente, la información que apareció en The New York Times, Wall Street Journal, The Washington Post y El País recibió feliz acogida por comentócratas, opinadores e influencers antilopezobradoristas que se ocuparon de darle amplia difusión en las redes sociales. La mayoría de ellos, los más activos, son visiblemente individuos ligados a administraciones anteriores, a los negocios de la industria farmacéutica y de los insumos en general de la industria de la salud, y unos más con aspiraciones políticas, en busca de notoriedad.

Aprovechando interpretaciones técnicas, se dieron a la tarea de configurar un escenario calamitoso, con el que plantean etiquetar responsabilidades anticipadas cuando, según el propio funcionario federal, todos y cada uno de los casos fatales han sido documentados en tiempo y forma, y aseguró que la cifra de decesos, como sucede en otras partes del mundo, se puede incrementar al incluir las muertes registradas por dictamen médico y no sólo por pruebas de laboratorios.

Agregó que la discrepancia señalada por uno de los diarios estriba en la documentación precisamente de casos de personas que fallecen con las características clínicas de Covid, pero que no han sido confirmadas, pues aún faltan los casos que serán diagnosticados por dictaminación, y destacó que las muertes por Covid-19 no siempre se pueden demostrar porque las personas llegan, particularmente en la fase 3, en un estado de gravedad que no permite hacer las pruebas de laboratorio de manera oportuna, que podrían tomarse aún después de la muerte.

A la par de las enormes complejidades y retos que representa una contingencia mundial como la pandemia, la lucha por el poder en nuestro país arrecia cada vez más. Sin sutilezas, los expulsados del paraíso vienen con todo, en una especie de nado sincronizado entre empresarios, periodistas y políticos, esperando que suceda una gran desgracia y que los miles de muertos que desean arroje el virus, sirvan para documentar su "se los dije".

Cosas peores podrán verse.