Política

Hacer lo correcto

mayo 03, 2020

Por razones desconocidas e irracionales porque atentan contra el sentido común –aunque es fácil darse cuenta que el culto al dios del mercado y del dinero tiene mucho que ver– hablar de la compasión en términos políticos o sociales se ha establecido como un tabú y ha sido excluida del lenguaje de los políticos y de los medios de comunicación. Parece que sólo evocar el concepto pone al emisor en una situación de debilidad y fragilidad o presuntamente denota falta de argumentos para sostener una tesis desde una posición política, porque se supone que esa idea no va con la ideología ni la praxis parlamentaria, sino que más bien pertenece al mundo de la religión o la filosofía.

El concepto compasión ha perdido mucho terreno en el ámbito de lo político, no obstante que esencialmente tiene que ver con conceptos básicos de solidaridad, entre ellos, la preocupación por mejorar la calidad de vida de las personas. En esa prohibición informal del concepto resultan corresponsables directos los políticos y los medios de comunicación dada la responsabilidad de ambos en el establecimiento de los valores que rigen la sociedad.

Ha sido una minuciosa y persistente estrategia del dios del mercado, entronizado formalmente como el modelo a seguir en la década de 1980 y dejado como resultado que la gente esté convencida de que nada malo tiene ser egoísta, codicioso e insensible ante el dolor y la miseria de los demás.

En lo anterior, hay que insistir, es enorme la responsabilidad de los partidos políticos y sus élites parlamentarias que privilegian, sobre el bienestar de las mayorías, el conseguir el poder a cualquier precio y por los medios que sean. Justifican la austeridad dictada por organismos como la banca privada, el FMI o el BID, sin importarles causar dolor y sufrimiento a los millones de pobres en la medida que la desigualdad sigue aumentando a niveles insostenibles.

Ya la sociedad se movilizó en las urnas el año pasado y envió un claro mensaje a la "clase" política y a los medios de comunicación, que no lo entendieron y siguen actuando bajo los mismos códigos de conducta de antaño. Claro, no hay que ser ingenuos. Ambos lo hacen con premeditación, hay un plan preconcebido para establecer una ruta de colisión y confrontación que busca cuestionar, criticar y descarrilar la idea que mueve al proyecto lopezobradorista.

Usan la desinformación, las verdades a medias y aprovechan la frágil memoria de estratos económicos y sociales marginados pero que comulgan, manipulados, con ideas de una derecha que odia a los pobres porque creen "sólo" quieren extender la mano para recibir dádivas del Estado sin realizar ningún esfuerzo, olvidando convenientemente que millones no han tenido oportunidades laborales o educación; en ello no se puede dejar de lado a quienes auténticamente piensan en esos términos que al final se vuelven clasistas y odian realmente lo que representa la llamada 4T, básicamente porque añoran su paraíso perdido .

No todo está hecho. Aunque se supone que con la llegada de López Obrador aumentaría la cantidad de diputados y senadores provenientes de los sectores sociales menos privilegiados y con ello habría mayor comprensión y compasión respecto de la situación de millones de familias que han sido históricamente relegadas en aras de mantener la macroeconomía y los dictados del capital, lo cierto es que aún falta mucho camino por recorrer para llegar a un estándar de justicia y mejoramiento social.

Recuperar la compasión en un mundo que te enseña a ser de otra manera no es cosa fácil pues prevalece la idea de que sólo la racionalidad y despojarse de sentimentalismos es el camino para tomar decisiones correctas. La derecha gazmoña e hipócrita que se da golpes de pecho o los megaempresarios acostumbrados a dictar las órdenes a gobiernos cómplices y corruptos, se está quedando sin argumentos para justificarse. Les importa un comino crear un mundo mejor. Hacer lo correcto es el camino.