Política

Chance

abril 25, 2020

La sociedad planetaria vive una crisis mayúscula, muy probablemente el fin de un sistema y una racionalidad económicas completamente antipáticos que enriquece a muy pocos y concentra la riqueza en algo así como uno por ciento de la población mundial. De hecho, la magnitud de la crisis económico-sanitaria y su profundidad es resultado de la completa imprevisión de varios gobiernos europeos y, desde luego, el estadounidense.

Muy probablemente desesperado por el costo electoral que esta crisis habrá de tener en su aspiración de reelección, el presidente Trump ha hecho un par de sugerencias que lo perfilan sin piedad. Pidió/sugirió a sus responsables de salud pública explorar la idea de "calentar al virus con rayos ultra violeta bajo la piel" y de "inyectar con desinfectante" a la población infectada por el virus SARS-CoV19 para "limpiar sus pulmones" toda vez que se ha demostrado que es muy efectivo para limpiar superficies contaminadas.

La ocurrencia desnuda la personalidad infantil del presidente estadounidense. Habrá que agradecer el toque de humor involuntario que aligera un poco la pesadez anímica de la población del mundo ante la incertidumbre y las ominosas proyecciones que la humanidad tiene en puerta. Y puede empeorar. Empieza a crecer la tensión por reclamos y menciones hechos a China a quien señalan como la responsable.

Hay, sin embargo, gobiernos que tomaron previsiones desde que el 31 de diciembre el gobierno chino anunció al mundo el accidente con el virus. México es uno de ellos.

Hasta ahora el manejo de la crisis en el país ha logrado mantener las cosas dentro de límites manejables. Es un punto a favor del gobierno. Pese a ello, han sido notorios los llamados de la derecha intransigente para desatender las recomendaciones de las autoridades de salud y la estupidez mayúscula de llamar a un golpe de Estado por parte del presidente del Consejo Coordinador Empresarial.

Pero las propuestas del gobierno mexicano han sido bien recibidas por los organismos multilaterales de salud y por la misma ONU. Con tecnología nacional, Conacyt ha convocado a empresas y academia a desarrollar ventiladores y la crisis hasta ahora permanece manejable. Sin embargo, existe la certeza de que se intensificarán los contagios y las tragedias personales.

El planeta está en pleno proceso de cambio y somos testigos presenciales de ello. No es cómodo pero es un privilegio porque después de esto el planeta obligadamente tendrá que replantear el desarrollo futuro sobre bases, nacionalistas, locales y decididamente colaborativas. La obcecación por la competencia individualista, por el éxito y la comodidad plástica terminarán y se redefinirán las formas de hacer las cosas sobre bases del interés común. Es eso, o la negación de la especie.