Política

Wittgenstein y la pandemia

abril 19, 2020

El 26 de abril se cumplen 131 años de su natalicio y el día 29 se completan 69 de su fallecimiento: la última de abril debía ser la semana del filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein (1889-1951). A finales del siglo XIX, su padre, Karl, era uno de los más ricos del mundo, dueño de empresas mineras e inmobiliarias que vieron pasar de soslayo las crisis inflacionarias de la época. Descendiente de judíos y de protestantes, por influencia de la abuela materna, Ludwig fue educado como católico; por fortuna, a temprana edad abandonó la fe. Noveno hijo menor, el mayor fue Paul, pianista renombrado que al perder el brazo derecho en la Gran Guerra siguió tocando: para él compuso Maurice Ravel el Concierto para piano para la mano izquierda. Los otros tres de sus cuatro hermanos varones se suicidaron. En contraste, su hermana Gretl fue retratada en 1905, vestida de novia, ni más ni menos que por Gustav Klimt.

A los 30 años de edad, Ludwig renunció a la herencia del padre recién muerto, y se dedicó a la filosofía, la lógica, las matemáticas: el pensamiento. Su obra cumbre fue el Tractatus logico-philosophicus, del que su maestro, amigo y colega Bertrand Russell, dijo: "Haber construido una teoría de la lógica, que no es en ningún punto manifiestamente errónea, significa haber logrado una obra de extraordinaria dificultad e importancia… que ningún filósofo serio puede permitirse descuidar".

El Tractatus… se publicó originalmente en una revista alemana de filosofía en 1922. La primera traducción al español es de 1957, debida a Enrique Tierno Galván, el jurista y sociólogo que sirvió como alcalde de Madrid entre 1979 y 1986. Ahora es posible encontrar en nuestro idioma otras versiones pero ninguna en tan buen español como la del socialista madrileño. Son casi 200 páginas de proposiciones lógicas, siete principales ordenadas secuencialmente, cada una seguida de numerosos corolarios. La primera proposición, dice: "1. El mundo es todo lo que acaece", y a continuación: "1.1 El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas". Más adelante: "3. La figura lógica de los hechos es el pensamiento", y "4. El pensamiento es la proposición con significado". La sentencia final es lapidaria: "7. De lo que no se puede hablar, mejor es callarse".

La propagación del virus SARS-CoV-2 con su consecuente enfermedad abreviada como Covid-19 (coronavirus desease 2019), y la ociosidad por el encierro obligatorio, han generado una caterva de pseudoexpertos y falsos profetas, ya del apocalipsis, el remedio milagroso, las estadísticas infalibles o la restauración inminente, que pontifican ya sean en las redes cibernéticas o los medios tradicionales. Desde luego que estamos urgidos de referencias y reflexiones, pero basadas en el conocimiento, el análisis formal y la ética. Entonces, siguiendo a Wittgenstein, lo sensato es informarse bien para ya con suficiencia poder quitarse el tapabocas.