Política

El mundo feminizado. (Parte II)

abril 19, 2020

2) La relevancia de los trabajos de cuidados en la vida colectiva.

La salud es primero y sin salud no tenemos nada. Esta premisa no es nueva, la conocemos bien porque la escuchamos cotidianamente aunque la percibamos como un susurro al oído que no nos interpela. Preconizamos el contar con vidas largas y saludables y nos enorgullecemos de ser la generación más longeva en la historia de la humanidad sin reconocer que, a la par, hemos destruido el ecosistema y generado las condiciones para su deterioro exponencial irreversible. Esto, hasta que un virus desconocido nos detuvo.

En la situación de confinamiento en que ahora nos encontramos, cuidar a otros y cuidarse a uno(a) mismo(a) se coloca al centro de nuestra vida cotidiana. El miedo a la enfermedad le gana la batalla a nuestro deseo por salir y seguir la vida como si nada pasara. Acostumbrados a vivir consumiendo, divirtiéndonos, pasando el tiempo y disfrutando el momento sin pensar en el futuro, nos cuesta trabajo reconocer que el futuro existe e importa y que la única manera de alcanzarlo es cuidándonos unos a otras. El motivo para quedarse en casa no es otro que el asegurar nuestra salud y la de las personas con quienes compartimos vínculos afectivos y sólo si nos quedamos en casa, en un futuro no tan lejano, podremos volver a salir.

Cuidar a otros ha sido también un trabajo considerado tradicionalmente como femenino y, por ende, minimizado y devaluado. Sin embargo, ahora son precisamente las y los profesionales de la salud quienes, realizando trabajos de cuidados, se han convertido en los nuevos protagonistas del escenario mundial, desplazando con ello a estrellas del deporte y del espectáculo, a millonarios viajando por el mundo, a modelos y "socialités" que ahora claramente identificamos como meros tigres de papel.

Así mismo, en línea descendente, quienes aseguran la reproducción de la vida cuando se desatan tiempos de crisis como el que ahora padecemos, es decir, las y los distribuidores de alimentos, vigilantes, productores de bienes insumos, recolectores de basura, entre otros. Los ahora mal denominados nuevos héroes en realidad realizan trabajos mal remunerados y en condiciones de alto riesgo frente a los recortes presupuestarios en salud pública.

La situación actual evidencia las formas en que los trabajos de cuidados en el espacio público y de reproducción del vivir en el espacio privado han desplazado al trabajo productivo en la vida económica mundial y con ello se ha desatado un gran agujero en el modelo neoliberal imperante basado en el éxito individual y el consumo. Los grandes empresarios siguen sin creer que la salud es la prioridad y preconizan futuros de crisis económicas apocalípticas puesto que ahora también sus intereses han sido trastocados, mientras que en la mayoría de la población, por el contrario, la solidaridad y el apoyo mutuo reaparecen nuevamente como las formas más humanizantes de enfrentar las crisis.

Finalmente, en los trabajos del cuidado y de la reproducción del vivir que se han colocado al centro de la vida social, política y económica global, considero que el cuidado de la naturaleza y del ecosistema adquiere también un lugar preponderante. Se trata de un tiempo especialmente fecundo para los cuidados en todas sus dimensiones: desde la propia persona hasta la familia, la comunidad, nuestro país y el conjunto del planeta. En este sentido, el re-equilibrio ecológico es fundamental para el buen vivir y no cabe duda que a nuestro planeta le hacía mucha falta el respiro que ahora, por fin, le estamos dando.

3) Del vacío de sentido a la plenitud de nuevos significantes y significados para la existencia.

La vida se construye en la experiencia cotidiana. Experimentamos y aprendemos todos los días no únicamente por las actividades que realizamos sino por el cúmulo de emociones a ellas asociadas y por el significado que les damos. Pero en el correr de la vida difícilmente nos detenemos a reconocerlas e identificarlas. Preferimos pasar de prisa, ir de una actividad a otra sin detenernos, y mucho menos sin adentrarnos en nuestras emociones.

Las emociones y los sentimientos también son considerados como atributos femeninos. Ahora, en situación de confinamiento, ellas nos desbordan e inevitablemente nos llevan a experimentar todo su espectro: el dolor, la angustia, la desesperación, el vacío, la incertidumbre, la gratitud, la fragilidad, la alegría, la tristeza, por mencionar sólo algunas.

Para evitar la violencia, la depresión, el consumo de sustancias, tenemos que sobrepasar los mecanismos de racionalización y negación, que si bien son mecanismos de defensa necesarios para la vida, no aportan al desarrollo humano. Solo si reconfiguramos el sentido de la propia existencia a través de la palabra y la concienciación de la experiencia vivida podremos enfrentarnos al vacío existencial.

El confinamiento es tiempo fecundo para desarrollar talentos desconocidos, particularmente entre las personas más vulnerables como los niños, los ancianos, las personas con discapacidad. Tiempo para familiarizarnos con nuevas modalidades de acercamiento emocional en la distancia física: chats, videollamadas, series de televisión, visitas virtuales, conicertos, lecturas diversas, música y arte.

Sabemos a ciencia cierta que la principal causa de depresión y suicidio es la falta de sentido y el aislamiento y es por ello que habremos de evitarlos en los días por venir considerando que en tiempos feminizados, las emociones son fuente de riqueza interna que nos permite desarrollarnos como lo que somos: seres humanos. Seres de lenguaje, de palabra fecunda, generadora de sentido frente al miedo colectivo que el virus también nos ha contagiado de manera exponencial.

La creatividad, la capacidad de resistencia y resilencia apelan desde luego también al apoyo mutuo y la solidaridad para quienes enfrentarán las peores consecuencias de la crisis. Son pues tiempos de comunitarismo, de encuentro social en la distancia física, de apoyo solidario, de sororidad y de generación colectiva de nuevas respuestas más humanas y creativas para el mejoramiento de la sociedad en su conjunto. Tiempo de construir sociedades más humanas, más civilizatorias.

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